3ER CICLO DE CONFERENCIAS TEATRALES. SEGUNDA Y TERCERA

 Por Ana Leticia Romo

Dentro del marco del 3er ciclo de conferencias teatrales con sede en la Universidad de las artes, correspondió al director, coreógrafo, maestro e investigador Arturo Garrido, desarrollar el tema El cuerpo como lenguaje en la escena contemporánea, en el que destacó que de alguna forma, todo el pensamiento de una época se refleja en la escena, así en pasados siglos, cuando la visión era ideal, en el foro las figuras repetían la monarquía, es decir, el mundo poniendo al principal en el centro, después actores secundarios, de igual forma lo bueno abajo y lo malo arriba, una concepción idealista de armonía reflejada en el espacio. Pero en el siglo XIX esto cambió con las “vanguardias” quienes cuestionaron severamente el modelo clásico disparando diversas formas de expresión y muchas posibilidades de resolución e interpretación del mundo, así el dadaísmo, vanguardismo, expresionismo, creacionismo, modernismo, surrealismo, impresionismo y expresionismo, van impactando sobre todas las artes incluyendo la escena. Se retoma y reinterpreta a los griegos, se invade la escena con obras como Electra, Ifigenia, Ulises, etc. En los años 60 las vanguardias a su vez sufrieron una crisis de identidad e inició la etapa de la post modernidad, en la que diversos elementos como la danza butto o el hiperrealismo traen nuevos teóricos como Cunninham, Grotosky y Jean Luc Nancy, surgiendo “la segunda gran revolución del arte” donde el cuerpo se ve acoplado a las maquinas hasta derivar en la visión actual en la que ya no cuenta un suceso sino que el cuerpo y el relato son lo mismo.

La tercer conferencia correspondió a Gilberto Guerrero (maestro, y director escénico) con el tema Formación actoral, rigor y creatividad. Inició su plática indicando que el conocimiento tiene tres fuentes: el religioso, que conoce porque cree, el científico, porque entiende, y el estético, porque gusta. Son tres lógicas diferentes. Avocándose ya al arte, mencionó que este toca subjetividades tanto del creador como del espectador y hablando del creador, este ha de tener habilidades tales como la intuición y el talento. Así la academia que formará actores tiene la gran responsabilidad de darles todas las herramientas metodológicas y técnicas para que el estudiante logre al terminar su carrera, encontrar su propio camino. Sin embargo, dentro de esas herramientas, deberán formarse individuos con valores indispensables, es decir una “ética profesional” en la que ante todo, deba reconocer al trabajo como sagrado, donde el respeto y la responsabilidad se verán traducidas en actitudes de buena convivencia, puntualidad, disciplina, trabajo colectivo y propuesta. En este sentido destacó que los maestros a su vez, deben dejar atrás una actitud autoritaria para ser autoridad. Dejar atrás el pensamiento que el actor es un instrumento del director para hacerle creador. Es decir, reconocer que no se puede formar a alguien destruyéndolo sino más bien sirviendo de ejemplo, brindando caminos para la formación integral, arraigar en los estudiantes el rigor de la tenacidad, la formalidad, amor al trabajo erradicándoles la dispersión, flojera y frivolidad (en el sentido de distinguir lo importante de lo no importante), teniendo de igual forma una ética donde la crítica hacia los demás sea constructiva y no destructiva, de alguna forma enseñar a ser soberbio pero humilde, maduro ,sabio y digno. A su vez, ilustró sobre la necesidad de respetar los programas (el que) aunque respetando la libertad de cátedra (el cómo) erradicando de la academia el abuso sobre el estudiantado y mejorando ante todo la comunicación, siendo claros sin obviar un metalenguaje confuso.