ALGO DE POESÍA

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Por Ignacio Velázquez

Fuente; https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Sicilia

 

Javier Sicilia Zardain  (Ciudad de México, 31 de mayo de 1956)  es un activista, poeta, ensayista, poeta, ensayista, novelista y periodista mexicano.  Es colaborador de diversos medios impresos como La Jornada y Proceso. Fue fundador y director de El Telar, coordinador de varios talleres literarios, guionista de cine y televisión, jefe de redacción de la revista Poesía, miembro del consejo de redacción de Los Universitarios y Cartapacios, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1995, profesor de literatura, estética y guionismo en la Universidad La Salle de Cuernavaca y fue director de la extinta revista Ixtus.

Encuentro Me sedujiste, Amor, y me he dejado seducir, me forzaste y me pudiste, allanaste mi alcoba y le prendiste fuego a mi alto cuerpo amurallado; violaste con tus labios mi costado, a tu placer rendida me tuviste, mi goce a sequedad lo redujiste y a polvo mis encantos y mi agrado; tendida, cual la tierra contra el día, tus oscuras caricias me domaron hasta volverme yermo y luz baldía; y ahí donde tus labios se gozaron y sólo queda un hueco, un claro abismo, de tan simple y desnuda soy Tú mismo.

Vigilias.  A Manuel Ponce Escuchar el rumor bajo la aurora del día que se abre a la espesura, mirar la madrugada aún oscura adelgazarse lenta en cada ahora; estar ahí sin tiempo y sin demora contemplando el espacio en su mesura y sentirse atrapado en la atadura de su exacto equilibrio que enamora; y ser entonces árbol, agua y tierra y luz donde la noche ya vacía delinea los contornos de la sierra, lo sabe aquel que vela a cielo abierto en espera de Dios y de su día, lo sabe sólo quien está despierto.

Concha Armida.  A Luis Fracchia Una mujer piadosa e iletrada; vivió en un mundo dulce y venturoso, tuvo un rancho, unos hijos, un esposo, fue una vida pequeña y ordenada. Nadie supo que en la aparente calma de su hogar el Espíritu moraba, que el amor de Jesús la devoraba y vulneraba su quietud de alma. Sólo el padre Rougier supo en secreto que ese fuego interior, arduo y discreto, era la confidencia misteriosa del dolor de la cruz y su agonía. Nos legó una orden religiosa y una vasta y profunda teología

Teresa de Lisieux Sentada en la penumbra del convento, Teresa observa el muro gris y yerto; no la turba el silencio, ese desierto del alma, en la quietud del aposento. Los sueños y los goces de la vida que en el duro Carmelo palidecen, en ella ya no existen. Obedecen sus ojos a otro sueño, a otra medida: piensa en la dicha amada que le espera, en el dolor que roe sus pulmones y ofrece en redención y la lacera; sabe en su pequeñez que no está sola, que en la noche y sus arduas aflicciones es Dios quien sufre en ella y quien se inmola.