LO NEGRO Y BLANCO DE LA 36 MUESTRA NACIONAL DE TEATRO

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Texto y fotos por Ana Leticia Romo G.

 

Fue un acierto y privilegio que Aguascalientes fuera la sede de la muestra y por ende, tuvimos la posibilidad de ver lo que se está realizando en materia de teatro en nuestro país, sin embargo más allá de traer a los grupos a un costo accesible, la logística de la muestra adoleció de severos contratiempos que afectaron directamente al público, a la prensa y por lógica elemental, a los creadores.

Hubo dos programas de mano, sin embargo estos no alcanzaron para entregar a todos los participantes salvo los primeros días, pero lo más grave fue que estos no coincidían con el programa subido a la página oficial de la muestra (el que resultó ser el adecuado). Tampoco hubo en el programa una reseña de la obra ni de los creadores lo que impidió tener criterios para asistir o dejar de hacerlo.

Otro problema fue que los boletos eran vendidos una hora antes del evento, sin embargo, para poder obtener un lugar, era necesario estar “dos horas” antes de la obra pues la demanda superó a la oferta. Las puestas en escena con “cupo restringido” en definitiva no fue lo más ideal para el público que a fin de cuentas es el motivo por el cual se realiza teatro. Si se tiene la infraestructura, ¿por qué no utilizar todas las instalaciones en vez de montar gradas en un foro que a fin de cuentas es incómodo, costoso y poco eficiente?

En cuanto a las obra itinerantes, definitivamente se debería prevenir el cómo tratar al público de tercera edad, ya que cambios de foro con rapidez, en lugares accidentados y llenos de escaleras no es lo más propicio para el público.

Por otro lado aun cuando uno esperaba sus dos horas para acceder, resultaba que de la nada llegaba gente “con privilegios” que entraban antes que toda la fila que llevaba formada dos horas antes y por supuesto ocupaban los mejores lugares. Incluso para la prensa local no hubo ninguna facilidad de entrada a las obras de teatro, lo que demeritó en cobertura y calidad fotográfica. Además hubo muchos problemas de horario y boletaje y de teatros, ya que una obra se anunciaba en un lugar y era en otro, decía una hora y era a otra, el boleto decía un lugar y era en otro etc. Incluso hubo obras anunciadas como infantiles pero que precisamente no eran para niños (ejemplo Puercoespín).

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Esa situación ocasionó que no se pudieran ver todas las obras y que el público, cansado de tanto desorden y falta de seriedad, dejara de asistir a todo lo que hubiera deseado (entrevistas a usuarios durante las esperas).

En definitiva, subsanar las fallas cometidas es la única forma de mejorar la calidad de futuros eventos. No se puede “maltratar tanto al público y a la prensa” (exceso de esperas, falta de boletos, desorden en horarios, existencia de privilegiados) sino por el contrario, facilitar el acceso a las obras para lograr así una muestra nacional donde toda la comunidad salga enriquecida.

En cuanto a la calidad de las obras presentadas, la selección fue acertada, hubo de todo, simples, sencillas, excelentes, humorísticas, violentas, comedia, tragedia. En el rubro, en gustos se rompen géneros.

Lo que si sucedió, es que a pesar de los inconvenientes mencionados, todas las obras presenciadas tuvieron cupo lleno y caras nuevas, es decir que la muestra incidió en la creación de nuevos públicos que esperemos sigan siendo constantes asiduos del gusto y consumo teatral aunque sea local.