ADIÓS MARINEROS (EXCESO DE NARRACIÓN)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Crédito fotografías: Ale Mostra

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Una de las características de un texto dramático -la excepción los ahora llamados unipersonales- son los diálogos, esto es, dos o más personajes intercambian o alternan parlamentos. Es válido que un actor quede solo en el escenario, exprese ideas o pensamientos para sí mismo, en otros casos rompimientos para que un narrador se dirija directamente al público para ubicar personajes, hechos, fechas… Gibrán Portela, a través de ADIÓS MARINEROS, ADIÓS MONSTRUOS DEL MAR, lleva al exceso, al abuso despiadado la narración, obvio los diálogos son excepcionales, tres actrices explicando cada escena, contando todo, a tal grado, de no ser por el ritmo acelerado del montaje, conllevaría al aburrimiento y perderse entre tanta palabrería.

 

Dos historias en una, en apariencia o en principio, nada que ver una con la otra, inclusive desconcertante el planteamiento, desarrollo, por tanto la estructura. En una se habla sobre un capitán de navío quien prometió no volver a pisar tierra, de entrada se desconoce el motivo. En la otra una mujer solicita los servicios de un detective privado para seguir al marido, un conocido miembro de la comunidad, nada más y nada menos que Baldor, sí ese que nos trae a la memoria el famoso libro de álgebra. La trama es confusa de inicio, se va aclarando a medida que transcurre la obra y se entrecruzan lo que parecía no tenía ninguna relación. Asesinatos, misterios, encrucijadas. Un puerto rodeado por la neblina, alrededor un mar que no se ve ni se oye, donde habitan monstruos quienes pueden arrasar con todo; monstruos que bien pueden ser los demonios que asolan al capitán en su interior, no pisar tierra igual a evadir la realidad, los habitantes del puerto espectros en busca de su liberación. Claro, todo lo anterior es mi interpretación, igual estoy errado de principio a fin.

 

La dirección de Ricardo Rodríguez es una concepción “rara”. El capitán y su tripulación en un mundo “mítico”, los habitantes del puerto salidos de una película estadounidense de las décadas de los años 30 o 40 del siglo XX, desde el tonito como la velocidad con la que hablan los personajes; en forma lamentable a la larga torturante el alto volumen de voz, éste queda atrapado en los gritos. Por otra parte, Auda Caraza y Atenea Chávez proponen una escenografía que sólo ellas saben qué es o lo que pretende simbolizar, a mí no me transmitió nada sólo confusión. Jesús Hernández, iluminación, por largos periodos lanza la luz directo a los espectadores, hecho por demás molesto y lo que debería ser visible se convierte en invisible. Hablando de lo invisible, las intérpretes “manipulan” diferentes objetos que no están en escena, acertado el concepto, en realidad estamos frente a pantomima.

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Tres entusiastas muchachas, voluntariosas, entregadas, con el vigor de la juventud, entrega total, ritmo vertiginoso, van y vienen, mueven las estructuras escenográficas, muchos personajes desfilan ante la audiencia, la dirección les impone un fuerte desgaste físico y emocional. Respeto por su motivación a Verónica Bravo, Teté Espinoza y Rebeca Trejo.

 

ADIÓS MARINEROS, ADIÓS MONSTRUOS DEL MAR tiene lugar en el Foro Shakespeare (Foro Urgente 2), Ciudad de México, hasta el 22 de agosto, los lunes a las 20:30 horas.