CREPÚSCULO (LA DRAMATURGIA CONVERTIDA EN POESÍA)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto cartel promocional

 

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Cuernavaca, Mor.- Una excelente puesta en escena, cuando todos los elementos que la integran se conjugan a la perfección, se convierte en un deleite para el espectador. Es indudable, la magia del teatro empieza con un buen texto, Óscar Flores, de quien ya hemos dado cuenta en A Escena Teatro -UBU UN GOBERNADOR CON ANTOJITOS DE PODER y ESCUCHA MI SILENCIO, entre otras- ahora nos impacta con CREPÚSCULO, lo único que se puede decir de este unipersonal: convierte la dramaturgia en poesía.

 

Un personaje de teatro invita a una muchacha instalada en el área de butacas a subir al escenario, un encuentro entre los mundos imaginarios y real. Nuestro personaje, vestido con su traje de gala con el que lo caracterizan y su nariz tipo clown, diserta sobre esos dos mundo desea ir al real, está harto de siempre seguir el mismo texto, lamenta que cada noche viva para volver a morir. Fiasco, nombre de nuestro protagonista, es un reflejo de la esperanza y el amor, un romántico enamorado del mar, de la joven que interactúa con él, sin embargo, en este caso, ficción y realidad…

 

El texto es una sui géneris combinación de argumentos en favor y en contra de los mundos imaginario y real. Si bien el lenguaje es por completo accesible hay muchos elementos filosóficos, para bien de todos tratados con alegría, no es una cátedra es una forma de disfrutar una propuesta exquisita, en su conjunto se puede definir como onírica, en realidad es una tragicomedia. Lo más importante, siempre está el humor presente, cómo lo logró Óscar, ni idea, lo cierto es uno de los textos más conmovedores que he escuchado.

 

Óscar dirige y actúa su propio monólogo. Sólo un histrión con talento y entrega se puede dar el lujo de presentar en un escenario de grande dimensiones y sólo tener como escenografía una banca y una base para poner un quinqué, con una iluminación sencilla en apariencia apoyada con efectos luminosos hacia el ciclorama; una cama en posición vertical entre sugerida y realista. Con ese mínimo de elementos conduce por una odisea de ensueño, la palabra cobra vida y sentido en el escenario.

 

Un monólogo extraordinariamente actuado, parte de la sencillez, sin parafernalia, soltura, nada es forzado. Hay una caja -por llamarla de alguna forma- en el escenario, de unos cuantos centímetros de alto, de ahí van surgiendo múltiples y diversos objetos, Óscar les da sentido, razón de ser a cada uno de ellos, los convierte en “protagonista”. Realiza actos de magia- se podría incluir la citada caja- interpreta la guitarra y canta, hay momentos de pantomima y hasta un vals. Un actor completo en el más amplio sentido del término.

 

Por lo pronto el Teatro Ocampo de Cuernavaca fue testigo de una única función, misma que quedará en la memoria de quienes asistieron, al menos en la mía, lo puedo asegurar.