¿CUÁNDO LOS ARTISTAS LOGRARÁN VIVIR DE SU PROFESIÓN?

Texto y foto por Miryam Almanza

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La Compañía Anatomía Teatro, de Colima, presentó en nuestra ciudad el unipersonal Vengando a Pessoa, de César Anguiano y actuación de Jaime Velasco, como parte de la Muestra Regional de Teatro Centro-Occidente. La obra hace una reflexión interesante primero, del poeta portugués Fernando Pessoa y la soledad a la que fue confinado por ser en su tiempo un artista incomprendido, y luego por el papel que juega la sociedad en eso que llamamos Arte.

 

El actor Jaime Velasco logró incomodar al espectador desde el principio, valiéndose de una atmósfera deprimente para narrar la vida de un poeta que aún amando su profesión se ve obligado a “sobrevivir” en una oficina porque, sencillamente, el ser artista no le permite mantenerse. Y es tal su frustración por no poder ser escritor y el rechazo que vive de la gente, que termina por quitarse la vida. El actor hizo tan bien la interpretación de un ser humano hundido en la tristeza, el enojo y la soledad que sintió ofensivo el montaje, incluso hubo gente que salió del teatro por esto, creyendo que esta solo era uno de los tantos reclamos que le hacen al gobierno ante la falta de apoyo a los artistas. Y pues sí lo era, pero también era un reclamo a la sociedad por exactamente la misma razón.  Yo le agregaría que fue también un grito de dolor ante el trato que las personas esquizofrénicas reciben. Vaya manera de vengar a Pessoa.

 

Para quienes nos quedamos, poco a poco descubrimos que los diálogos en off eran fragmentos de la obra del poeta, y que las reclamaciones de Jaime Velasco ¿eran de Pessoa? ¿o eran de él? Fue tan buena su actuación que no se podía distinguir dónde terminaba el personaje y dónde el actor, y eso fue lo que cautivó al público que se quedó. Después de haber visto Vengando a Pessoa, creo que fuimos varios los que nos quedamos en la mente con todas esas personas que no tienen oportunidad para dedicarse de lleno al ámbito artístico y mucho menos reciben un pago justo por su trabajo. Entonces, ¿cuándo los artistas lograrán vivir de su profesión? ¿Será que también tengan que morir por ello?