EL DICCIONARIO (EL CONOCIMIENTO ES LO QUE DA LA LIBERTAD)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto tomada del facebook de la Compañía Nacional de Teatro

El diccionario

María Moliner, una mujer incansable, tenaz y obsesiva con el objetivo que se fijó, le llevó 15 años de su vida, elaborar el DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL. Consideraba el conocimiento como el medio para alcanzar la libertad y en cierta forma la igualdad. Manuel Calzada Pérez le rinde un homenaje dramatúrgico a través de EL DICCIONARIO, el fondo, resaltar la idea de la insigne diccionarista de llevar a la gente por los recursos del idioma castellano con la finalidad de expresarse correctamente, como comunicarse con las palabras adecuadas porque se conoce su etimología (origen) y significado.

 

La connotada licenciada en Filosofía y Letras se rehusó abandonar la Península Ibérica después de que Franco asumiera el poder. Soportó el embate en su contra; durante la época de la República fue directora de Bibliotecas de España, al término de la guerra civil fue degradada al cargo de archivista. Nada la doblegó, dos tomos, alrededor de tres mil páginas, conforman el citado diccionario, considerado por Gabriel García Márquez como el mejor, incluso del de la Real Academia de la Lengua Española.

 

La biografía dramatúrgica, hechos reales y una penetración -desde la perspectiva del autor- a la mente, el sentir de una mujer víctima de la arteriosclerosis cerebral, condenada a perder la memoria. Por momentos roza con el documental, la estructura es aristotélica -seguramente el dramaturgo no comulgará con la idea-, lineal de principio a fin, con una conclusión más que obvia, lo cual es irrelevante lo importante es el fondo, el lado humano de María.

 

La puesta en escena fue encomendada a Enrique Singer, quien se caracteriza por un estilo tradicionalista, conservador, clásico si se quiere, no asume riesgos, sin embargo efectivo en sus propuestas, siempre atrapa a la audiencia, mantiene ritmos ágiles, tonos acordes a la psique de los personajes. En esta caso sobresale su manejo de los diálogos de la protagonista, intercalados con el público, entre ella con su doctor, su esposo y un militar franquista. Su montaje se desarrolla en medio de una escenografía hiperrealista, con una pared construida con fichas,(donde María realizaba sus definiciones, una por cada palabra), misma que se va derruyendo junto con el devenir de la protagonista, a la vista quedan el consultorio clínico y su espacio de trabajo en su hogar, diseñados por Auda Caraza y Atena Chávez; vestuario de Estela Fagoaga; iluminación de Víctor Zapatero y música original de Antonio Fernández.

 

Un elenco de un nivel digno de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) -productora de la puesta en escena-, encabezado por Luisa Huertas (María Moliner), Óscar Narváez (esposo), Roberto Soto (Neurólogo) e Israel Islas (varios personajes). Luisa maravillosa, habla desde lo más profundo de su alma, cada palabra, frase o concepto quedan perfectamente claros, a pesar que el texto incursiona por momentos en lo didáctico; una primera actriz, el teatro se le da en forma innata, su naturalidad y presencia escénica son impresionantes. Óscar -un gran actor- en esta ocasión tiene una participación, su personaje- más modesta que en otras propuesta de la CNT, sin embargo, no es motivo para deja de reconocerle su capacidad y talento. Por su parte,Roberto -a quien he tenido oportunidad de seguir desde sus inicios- es un consagrado de la escena, su papel no tiene un solo pero, compenetrado con el doctor y el valor intrínseco en el devenir de María. Israel con intervenciones circunstanciales, valorando su intervención como militar franquista.

 

El mejor homenaje que se le puede tributar a esta excelsa luchadora en la defensa y promoción del correcto sentido y significado de nuestro idioma, es acudir a la sala Xavier Villaurrutia, Centro Cultural del Bosque (Ciudad de México), a las 20:00, 19:00 y 18:00 horas, jueves y viernes, sábados y domingos, respectivamente, hasta el 7 de agosto.