EL SUEÑO DE LA MANTARRAYA (LA ISLA DE CLIPPERTON)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro, crítico de teatro

Foto tomada de la página de Facebook de Alejandro Ainslie

 

Mantarraya

 

Alejandro Ainslie es parte fundamental de la columna vertebral del teatro mexicano contemporáneo, tanto como dramaturgo, como director, así lo demuestra su más reciente propuesta, EL SUEÑO DE LA MANTARRAYA. LA ISLA DE CLIPPERTON, un texto que me atrevo a definir como un “documental teatral”, en el que aborda una más de las pérdidas territoriales que ha sufrido la República Mexicana.

 

Si bien esta ínsula sólo cuenta con tres kilómetros de diámetro y su única riqueza natural es el fósforo (guano), finalmente un arbitraje del italiano Víctor Manuel III, del 28 de enero de 1931, decidió que Francia tenía -tiene- soberanía sobre dicho territorio. Un puñado de hombres y mujeres, encabezados por el capitán Ramón Arnaud, fueron abandonados a su suerte por el gobierno mexicano, los únicos compatriotas que defendieron esa minúscula porción de la Nación.

 

Nuestro autor ofrece un texto de impecable estructura y logra cabalmente su cometido, por fortuna no cae en el teatro didáctico, si bien es cierto hay muchos datos de carácter histórico, éstos sólo sirven para apoyar la anécdota, el desarrollo dramático de los sucesos. Todo corre con fluidez, tal vez el único pero es el final, un verdadero melodrama, creo ganó el sentimiento sobre la razón. Refiere el dramaturgo: “EL SUEÑO DE LA MANTARRAYA es una obsesión premonitoria; un delirio de Ramón Arnaud. Un asomarse a un futuro diferente. Lo es también para mí”.

 

Alejandro, como suelen hacer los verdaderos creadores, parte de lo sencillo para un gran montaje. Minimalismo, la arena se vuelve protagonista, ésta adquiere simbolismos, desde la “representación” de la isla, hasta… Los personajes bien delineados, psicológicamente se proyectan en el escenario; lo que el autor presume hablaron y pensaron tiene coherencia con el hecho histórico, marginalmente hay un panorama general de lo que ocurría en el continente: Porfirio Díaz, Madero, Huerta, en concreto, La Revolución Mexicana.

 

Los actores caracterizan varios personajes, los cambios son rápidos, no hay confusiones para el espectador, el vestuario permite ubicarlos, después los diálogos. Ainslie emplea el multimedia, ambienta el entorno insular y proyecta los títulos de los 23 cuadros que conforman la obra. Lo apoyan con su creatividad Brisa Alonso (vestuario), Xicoténcatl Reyes (diseño sonoro) y Eduardo Lizalde y Andrés López (video), el diseño de iluminación es del propio director.

 

Para el elenco mis respetos, no siempre es fácil caracterizar personajes de la vida real, siguen paso a paso las exigencias del texto y de la puesta, hay mucho desgaste físico, más emocional, con la manipulación de la arena. Lo conforman Luis Lesher, Antonio Zúñiga, Carlos Álvarez, Paola Pérez-Rea, Alfredo Monsiváis, Humberto Yáñez y el propio Alejandro Ainslie. Todos con diferentes formaciones, estilos, sin embargo cada uno aporta sus talentos en beneficio del todo, hay unidad, no uniformidad, lo cual enriquece la intención de Alejandro.

 

EL SUEÑO DE LA MANTERRAYA. LA ISLA DE CLIPPERTON, basada en el expediente sobre el caso en poder del Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se representa en una segunda temporada en el teatro Santa Catarina (Coyoacán, Ciudad de México), de miércoles a viernes a las 20:00, sábados 17:00 y domingos 18:00 horas.