ETIOPÍA

Texto y fotos por  Eugenia Galeano Inclán

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Tal vez por la vida tan agitada que hoy tenemos, en que la economía nos obliga a tener dos trabajos o más, el tránsito a toda hora es caótico, el tiempo que invertimos en trasladarnos de un lugar a otro, estamos aprovechando al máximo la nueva tecnología.  En muchas ocasiones, en lugar de ir a visitar a alguien, preferimos conversar a través de chats, mensajes de texto, o cualquier otra aplicación que tengan nuestros modernos teléfonos celulares.  Hemos creado una zona de confort, en la que no tenemos que dedicar mucho tiempo a las conversaciones, incluso inventamos abreviaturas para agilizar la escritura, dejando de lado la ortografía tradicional.  Con esto, sentimos que podemos estar en contacto con quien elijamos con tan sólo mover los dedos.

Esto está tan generalizado que, sobre todo, los jóvenes, antes que comprarse ropa, prefieren tener un celular de alta tecnología.  Lo consideran un artículo de primera necesidad, en lugar de verlo como un lujo.

Algunos han llegado al extremo de utilizar aplicaciones para conocer gente, perdiéndose de la calidez que da encontrar a alguien y poder verlo cara a cara.

Esto es parte de lo que refleja el actor y dramaturgo Alberto Wolfgang en su obra más reciente denominada ETIOPÍA.  Aun cuando el título nos sugiere que es algo sobre la República Democrática Federal de Etiopia, el segundo país más poblado del continente africano, después de Nigeria, no se trata de éste, sino de personas que viven en los alrededores de la Estación ETIOPÍA del Metro de la Ciudad de México. La sinopsis promociona de ETIOPÍA es la siguiente:  “Las relaciones disfuncionales de la actualidad en una época donde las formas de “comunicación” nos permiten evadirnos del verdadero sentir personal, escondiendo el dolor y la soledad. Todos estamos solos, pero podemos estar juntos. … Un viaje que va desde la capa gris de una ciudad, hasta el eco del susurro de los fantasmas personales del desierto. ‘Los demonios vuelven al cielo. Alas siempre han tenido’.”

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Los protagonistas de la historia de Alberto son tres:  un tío abuelo, su sobrino y una joven.  Cada uno de ellos tiene cargos de conciencia que no los dejan tranquilos.  Celedonio Cecilio, a quien cariñosamente llaman Totío -apócope de abuelito-tío-, sabe que no fue un buen esposo, a pesar de que amaba profundamente a Amalia.  Hoy en día extraña a su difunta esposa y a su pierna, misma que perdió a causa de una enfermedad.  Es un tipo que sólo ve por sí mismo y toma ventaja de todo lo que tiene a su alcance.  Es adicto a su iPhone y le encanta usar la aplicación Tinder.  Es ahí donde conoció a su actual novia.

Su sobrino Arcady acaba de salir de la cárcel, estuvo largo tiempo encerrado a raíz de un accidente automovilístico en el que atropelló a un hombre.  Es el único al que no le interesan los celulares, pues ni siquiera los conocía.  Emma es una joven que trabaja y se ejercita.  Lo único que le aterra es la soledad, así que con tal de tener compañía tiene a su peor-es-nada, a quien, desde luego, no ama.  En el pasado, ella y Arcady mantuvieron una relación, así que se alegra al verlo de nuevo después de años.

Estos tres seres tan distintos entre sí, un buen día, deciden hacer un viaje.  Se van al desierto de Wirikuta -uno de los territorios más sagrados de los indígenas wixarika (huicholes)-, en el Estado de San Luis Potosí.  Al igual que los huicholes quieren consumir el hikuri -peyote-.  Si quieren saber qué sucede durante su travesía, habrá que ir a ver ETIOPÍA.

La labor de dirección por parte de Cristian Magaloni es impecable.  Logra un buen trazo de movimiento escénico, a fin de alternar distintos tiempos y espacios.   El ritmo es fluido.

El elenco está conformado por Jaime Garza como Totío,  Alberto Wolfgang como Arcady  y  Roxana Andrade como Emma.  Los tres brindan un buen trabajo histriónico y corporal.

El diseño de escenografía -tan solo unas cajas de madera, pero prácticas y multifuncionales- está a cargo de Patricia Gutiérrez Arriaga, a quien también se debe la variada iluminación.  El Maping es creación de Lizo Sambrano.   Reno Bëltz brinda asistencia de dirección y producción.

Participan también Edgar Sánchez en realización de escenografía,  Gloria Castro en redes sociales,  Johnatan Molina en diseño gráfico,  Alberto Castañeda en Personal técnico foro emergente 2.

La producción es de Gisela Sandoval y Mariano Ducombs.

Una obra que habla de soledad y culpabilidades no resueltas en la época en que vivimos, donde la comunicación es mejor a través de aparatos que en persona, sin pensar en que es una manera de abstraerse de lo cotidiano, o bien, de tratar de ocultarse hasta de sí mismos.  Una historia particular, acertada dirección y actuaciones convincentes.  Recomendable.

 

ETIOPÍA

se presenta cada sábado en dos funciones, a las 18:00 horas  y  a las 20:00 horas,

en el ESPACIO URGENTE 2 del FORO SHAKESPEARE,

ubicado en la calle de Zamora número 7, colonia Condesa -cerca

de la Estación Chapultepec del Metro-, Ciudad de México.

La temporada concluye el sábado 17 de diciembre de 2016.