FIN DE PARTIDA (BECKETT DESDE OTRA PERSPECTIVA)

FIN DE PARTIDA (BECKETT DESDE OTRA PERSPECTIVA)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 

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Siempre he admirado a los directores osados, aquellos quienes llevan un clásico (“una vaca sagrada”, se diría en el argot teatral) con una adaptación propia -no por fuerza- y una puesta que rompe con todos los cánones convencional y/o tradicionales, que puede fracasar o enriquecer el quehacer escénico. Para fortuna de los teatrófilos, Manuel Domínguez, a partir de su propia adaptación, presenta Fin de partida, de Samuel Beckett, desde otra perspectiva.

Texto recortado con algunas modificaciones; a pesar de lo denso del lenguaje y complejidad temática es accesible a todo público (adolescentes y adultos). Un hecho “novedoso”, en pleno desarrollo de la función, el propio Manuel irrumpe desde el área de butacas reclamando la interpretación de los actores; en un segundo momento entra a escena interrumpiéndola, regañando a su elenco por no seguir el texto y hasta un conato de bronca hay, claro, todo es parte del montaje. Rompimientos acertados, bien ejecutados, le dan un toque de humor a la propuesta y sirve de catarsis, basta recordar el fondo es fuerte, lastimero, la dirección le da frescura sin apartarse de la seriedad del tema, sin que esto sea una contradicción. Las manos, literalmente hablando de uno de sus actores, se convierten en personajes, en este caso hay modulación y matices de voz.

La escenografía se limita a un sillón (de peluquero) transformado y proporcionando una imagen tenebrosa. El vestuario es casual (contemporáneo, si se quiere). Sorprende en verdad la iluminación (aun cuando la mayor parte del desarrollo se da en la penumbra y varios oscuros) y la sonorización. En mi larga trayectoria por el teatro jamás había visto un equipo tan rudimentario como el empleado en este caso: una grabadora casera y una instalación eléctrica -los cables y los contactos a la vista del público-, a tal grado que cualquier “diablito” de puesto ambulante sería alta tecnología. La actriz la hace de todo, es la encargada de la iluminación y la musicalización; cuando uno de los actores se retira por el “conato” de pleito, entra al quite con el personaje de aquel, al estilo lectura dramatizada, además rompe la cuarta pared e interactúa con el público; por otra parte se convierte en una “iluminadora ambulante”, con linternas dirige luz a varias escenas. Al final, otro toque de humor, los integrantes del elenco ofrecen “disculpas” por las irrupciones del director. Si bien el texto en buena medida es desolador, sin esperanza, inmerso en cierto pesimismo, la propuesta es ágil, el tiempo transcurre en forma veloz, en un abrir y cerrar de ojos concluye de principio a fin; una buena dirección logra eso.

Los responsables de llevar a buen fin la imaginación de Manuel son Roldán Ramírez, Carlos Rodríguez y Meraqui Pradis. Roldán maravilloso, siempre en el personaje al que retorna con una facilidad increíble después de los citados rompimientos. Carlos no está al nivel del primero, hay escenas donde se lo “comen”, le falta compenetración. Meraqui muy bien en sus diferentes tareas a cumplir, desde técnico hasta actriz, por muy leída que sea su intervención.

Fin de partida se representa los lunes y martes a las 20:30 horas, hasta el 28 de junio en el Traspatio escénico, Saltillo 134, Col. Condesa, Ciudad de México. Posteriormente, como ya es costumbre, un nuevo espacio aún por definir.