FUNCIONES DE TEATRO EN EL FESTIVAL DE LA CIUDAD

Por Miryam Almanza

Fotografías de Sandra Sánchez y Miryam Almanza    

 

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De algunos años a la fecha el mes de octubre trae a Aguascalientes múltiples actividades artísticas y culturales, primero con el Festival de la Ciudad y luego con el de las Calaveras. Por supuesto lo que destaca es el teatro, y esta vez llegaron dos propuestas interesantes: Más pequeños que el Guggenheim, con la compañía del mismo nombre y la de los Tristes Tigres, además de la obra El amor de las luciérnagas, también con la compañía Los Guggenheim. Ambas fueron escritas por Alejandro Ricaño.

La primera historia, Más pequeños que el Guggenheim, es una comedia que trata el tema del fracaso visto desde el punto de vista de un actor, sobre todo cuando luego de mucho intentarlo nomás no logra conseguir esa fama tan anhelada y se le ha ido la vida en ello. Entonces ¿cuál fue mi razón de existir? Sin más escenografía que una mesa, sillas y una banca, más el juego de luces, el reparto logra transportar al público a una historia que de tan amarga saca hasta la risa. Y si no, pregúntenle a los teatreros que estuvieron en la función. ¿Se sentirían identificados con algo? Fue un texto cautivador de principio a fin. Por algo la obra ha tenido tanto éxito en México y en el extranjero.

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Con El amor de las luciérnagas, una tragicomedia también de Ricaño, está hecha como narraturgia, mezcla de teatro y drama. No estoy segura de que sea un género teatral como tal, pero lo que sí sé es que esta técnica ha abierto una nueva manera de hacer y de ver teatro, aunque eso sí, notamos que no a todos les gustó. Con este montaje Ricaño se da el lujo de llevarnos por diversas emociones: el recuerdo del primer amor, de las equivocaciones que cometemos en las relaciones de pareja, y las decepciones amorosas, sobre todo esas que nos dejan roto el corazón y caminando como zombies por la vida. El montaje es una magnífica mezcla entre la nostalgia por el amor inocente y la esperanza de encontrar a alguien capaz de sanar ese corazón desgarrado, aunque esto solo es posible si aprendemos a dejar atrás lo que nos lastima.

Ambos textos son deliciosos, los recursos escénicos, las actuaciones, las historias, todo les da a ambos montajes un halo mágico característico del trabajo de Alejandro Ricaño, que además de ser un excelente dramaturgo, también es un buen actor y excelente director de teatro, pésele a quien le pese.