HAMLET (UN ENCUENTRO CONSIGO MISMO)

HAMLET (UN ENCUENTRO CONSIGO MISMO)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen bajada de Google

 Llegó el día esperado, mucha expectación por ver la producción de Teatro di Roma, Festival Romaeuropa, 369gradi, en coproducción con el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. La obra, Hamlet, de William Shakespeare, bajo la dirección de Andrea Baracco, con la colaboración de la dramaturgista Francesca Macri. El propósito: presentar al personaje en un encuentro consigo mismo.

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En concreto esta versión contemporánea saca al personaje de los lugares comunes, descifra sus acciones complejas en sí mismas, pone de manifiesto su fragilidad, suprime las imágenes estereotipadas, importantísima la plasticidad, minimalismo para permitir la agilidad del desarrollo.

Dos funciones en el máximo recinto cultural del país, el Palacio de Bellas Artes, las localidades agotadas. Omito la anécdota, es del dominio de los teatrófilos, de hecho es la obra más representada en el ámbito mundial escrita por el Cisne de Avón. Desde la perspectiva de Baracco, su pretensión es mostrar la esencia interior y las debilidades del personaje. Reza el programa de mano: “A través de la construcción de la imagen que, en este caso, se producirá tanto desde la interpretación de los actores, como desde el video editado en tiempo real, buscaremos dar forma, peso y profundidad a la palabra, con el fin de constituir un imaginario dentro del cual poder mover todo el universo de Hamlet”. (Baracco).

Se prescinde del fondo político del texto, más que estar frente a un príncipe, el lado humano es lo relevante, ver a un ser de carne y hueso -si vale la expresión-, la palabra tiene su importancia intrínseca, sin embargo, el aspecto plástico sobresale, es una versión moderna apoyada en la tecnología, sin caer en la parafernalia. De hecho el escenario está semidesnudo, sólo la pantalla y una serie de mamparas en las que también se proyecta y en un momento dado se hace teatro de sombras.

La escenografía, luces y vestuario brotaron de la imaginación de Luca Brinchi y Roberta Zamardo. La iluminación da la sensación de sencillez, sin embargo, es parte fundamental; el vestuario casi casual, contemporáneo, en realidad híbrido. Destaca la musicalización y efectos sonoros, se puede decir son protagónicos en el concepto integral, lamentablemente no hay crédito en el programa de mano.

Siete actores, otro en audio y video: Lino Musella, Eva Cambiale, Paolo Mazzarelli, Michele Sinisi, Andrea Trapani, Woody Neri, Livia Castiglioni y Gabriele Lavia. Todos muestran gran formación dramática, disciplina para seguir el ritmo “seco”, no hay exabruptos, diálogos “tranquilos”, salvo algunos de Hamlet y un monólogo de Ofelia, entre otros pocos. Un estilo diferente al nuestro, otra visión actoral, ni mejor ni peor, simplemente otra forma de asumir el teatro.

Ante un lleno total, la ovación no se hizo esperar, entrega y reconocimiento del público mexicano. Las expectativas se cumplieron para beneplácito de todos. Es de desearse la compañía nos visite pronto nuevamente.