HOTEL GOOD LUCK

Por Julieta Orduña

Cartel promocionalGood look

 Se presentó en Aguascalientes otra obra de Alejandro Ricaño, autor y director de Hotel Good Luck, que al igual que Cada vez nos despedimos mejor (con Diego Luna) es una especie de monólogo pero con intervenciones esporádicas de otro personaje. En esta ocasión en Hotel Good Luck los actores son Luis Gerardo Méndez y Pablo Chemor. La puesta en escena tuvo lugar en el auditorio del Colegio Portugal, espacio que se ha utilizado para varios espectáculos y en esta ocasión apostó por el teatro comercial, aunque muchos hubiéramos preferido ver este tipo de obra en un teatro y con un escenario más cercano al público.

Aún así, la obra gustó, los espectadores estuvieron atentos de principio a fin a una historia un tanto compleja por los cambios de tiempo (del presente al pasado y viceversa), muy al estilo de Ricaño, y con situaciones absurdas, oníricas, pero eso sí con mucho humor. Es un teatro inteligente que con un estilo filosófico aborda el tema de la muerte y la ausencia de nuestros seres queridos. Describe un viaje donde Boby se reconcilia con la muerte, a la que tanto le teme. Sin duda, esta obra nos hizo pensar en las pérdidas inevitables que tenemos que pasar, el dolor de perder amigos y familiares, y nuestra propia cercanía a esta, con la esperanza de que al final de este camino la paz llegará y aunque todo termina aquí en este mundo, los ciclos se cierran y el universo sigue avanzando.

Quiero resaltar las actuaciones de ambos actores, Pablo Chemor, actor y músico, que ejecutó algunos instrumentos, dando un toque especial a esta dramaturgia. Y por supuesto, el actor estrella, reconocido por sus participaciones en cine y televisión, originario de esta ciudad Aguascalientes, Luis Gerardo Méndez. El actor estuvo muy bien en su papel, aunque en ocasiones un poco atropellada su dicción y poco entendible para aquellos que les tocó estar en las butacas alejadas al escenario. La genialidad en el escenario fue la cabina de radio y su correspondiente audio, en la que se notaba la diferencia de una voz de locutor y otra del personaje en su espacio natural, fue de lo más destacable en la puesta.

En la primera función, al finalizar, algunos espectadores aplaudieron de pie el trabajo de Hotel Good Luck, en la segunda función hubo aplausos más discretos, pero sin duda, fue una experiencia para aquellos que acostumbran ver obras de teatro comercial, en especial del género de comedia de enredos, comparadas con este estilo de humor ácido junto con un buen reparto y un gran director.