JOB (FUNCIÓN CON UN SOLO ESPECTADOR)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen Facebook de Vicente Ferrer

 

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He vivido muchas anécdotas en torno al teatro, unas las he gozado, las menos sufrido, sin embargo, me acaba de suceder una para el libro de los récords: ser el único espectador -además con cortesía- en la sala; aun cuando expresé no tener ningún inconveniente si suspendían, los encargados del lugar me dijeron se daría la representación. La falta de público en esta forma escandalosa y patética tiene su razón de ser: un fallido monólogo en todos los sentidos.

 

Lleva por título Job, gira en torno a la vida del santo -sabemos no existió, es un personaje mítico legado por la religión judía y aceptado por el cristianismo-, cuya principal virtud fue la abnegación, aunadas a la paciencia y fe que siempre tuvo en Yavé. El texto es nada más y nada menos de Fernando Savater. ¿Qué se puede decir del mismo? De una gran profundidad, de reflexión, se desarrolla entre lo teológico y lo filosófico y, obvio, una riqueza poética. Después de todas las calamidades sufridas por Job -pérdida de sus propiedades, ganado, riqueza y familia- se refugia en una caverna, ahí lo sitúa Savater en una meditación ficticia, esto es, más allá de la versión bíblica.

 

Normalmente cuando un monólogo fracasa se culpa al actor, en este caso toda la responsabilidad, al menos la mayor parte, es del director, Juan Carlos Torres, quien puede presumir de falta de imaginación y creatividad. esto se traduce en creer que proyectando unos fotomurales -hacen las veces de ciclorama- se recrea la caverna; no hay escenografía, absolutamente nada, sólo algunos, mínimos elementos de utilería. Unos silencios interminables, recordemos en el teatro un minuto es una eternidad; apagones van y viene. El actor extiende una tela, dibuja -creo- una “figura humana”, qué simboliza, excelente pregunta pero sin respuesta. En una escena mientras dice el actor su texto, éste se la pasa limpiándose las piernas, en realidad ni él lo cree, en otra la voz se convierte en un susurro. Lo único rescatable, emplea voz en off para escuchar parte del Capítulo 1 del libro de Job (Biblia). La lista de desaciertos es interminable, ahora se entiende por qué no hay público.

 

La víctima de la dirección es Vicente Ferrer, entregado, hace su lucha, pero ante todo lo anterior no hay mucho por hacer. No hay más que decir, sólo agradecer la tortura dura 50 minutos.

 

JOB se presenta en el Círculo Teatral (Ciudad de México), los domingos de julio a las 18:00 horas.