LA ÚLTIMA PALABRA (TRES MAGISTRADOS DECIDIRÁN EL FUTURO DE UNA MUJER)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de Ale Nostra

 

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En la sede del Tribunal Superior de Justicia en la Ciudad de México, tres magistrados decidirán el futuro de una mujer que asesino a su esposo. Ella expresa: “No me arrepiento, no pido perdón, acepto el castigo”. ¿Por qué? Fue víctima de golpizas, vejaciones, tortura psicológica; recurrió a las autoridades, éstas hicieron caso omiso. Se reúnen ambos cónyuges en la casa de ella para afinar los detalles de un posible divorcio, al sentir que va a ser agredida toma una pistola y mata al susodicho. Adriana Vélez -nombre de la inculpada- está a expensas de que sus sentencia sea: homicidio simple, emoción violenta o absolución.

 

Este es el marco dramatúrgico donde se desarrolla LA ÚLTIMA PALABRA, de Luis Agustoni, dirección de Angélica Aragón. A pesar del fondo plenamente jurídico la obra es amena, se insertan aspectos o conceptos de la ética personal de cada uno de los magistrados. Llama la atención que hay una buena dosis de humor. Hay temas paralelos como la situación de las mujeres y la condición de las cárceles en la República Mexicana, de pasada cómo se aplica la justicia. Texto inteligente, de buena manufactura, entretenido desde su inicio hasta su conclusión.

 

Angélica Aragón presenta un trazo limitado, la mayor parte del tiempo los tres magistrados alrededor de una mesa de trabajo con algunos desplazamientos, se entiende porque están deliberando; coloca a la Secretaria de Sala en el proscenio, a la izquierda del escenario con relación al público, un lugar discreto como la intervención del personaje. Lo más interesante es cómo capta a la perfección la psicología de los juristas, muy disímbolos en caracteres, personalidades y formas de pensar. Se debe reconocer, una gran propuesta de dirección.

 

Al frente del reparto Roberto D’mico acompañado de Pablo Perroni, Víctor Hugo Martín y Adriana Llabrés. Roberto hace gala de su porte, más que actor da la impresión de un noble de la corte inglesa, sin embargo, si es actor, todo un histrión, cuando la deliberación llega a su clímax muestra todas sus capacidades y posibilidades escénicas. Pablo y Víctor excelentes, cada uno explota la idiosincrasia de sus personajes, junto con el primero convierten el montaje en una delicia. Adriana con un papel menor no se amedrentra, su trabajo es a la altura de los requerimientos.

 

Una escenografía realista, la oficina de deliberación, sin ser minimalista en el escenario está el mínimo indispensable para desarrollar la trama. Con relación a la iluminación no hay muchos cambios, se puede decir es fija. Ambos diseños son responsabilidad de Edgar Sánchez. LA ÚLTIMA PALABRA, producción de Eloy Hernández y Mariano Ducombs, se representa en el Teatro Helénico, hasta el 1 de agosto, los lunes a las 20:30 horas.