LOBOS POR CORDEROS (LA TRAGEDIA LOS UNE Y LOS SEPARA)

LOBOS POR CORDEROS (LA TRAGEDIA LOS UNE Y LOS SEPARA)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

La escena acontece en la oficina de una escuela; ahí están reunidos la directora, un matrimonio y una madre. La tragedia los ha reunido y al mismo tiempo los separa. Un accidente ha acabado con la vida de dos niños -Víctor y Saúl- y el chofer del camión de la escuela; el hijo de la primera está en estado de coma. La reunión, en un acto de “contricción”, los dueños del plantel han decidido recompensar la pérdida con un millón de dólares por cada niño. Surge la indignación y al mismo tiempo la duda, nada regresará la vida a los infantes y la cantidad es tentadora como para no pensarlo. La duda surge, sólo el señor Betancurt es firme en su decisión de no aceptar, considera que la ausencia de su hijo no tiene precio. Interesante debate, cada uno expone sus argumentos, su razón de ser para asumir o no el trato. En principio se pensaría que la discusión se da entre la directora y los padres de familia, sin embargo, también se da entre ellos, inclusive salen a relucir las desavenencias entre los cónyuges Betancurt.

Situación lamentable, perder un hijo es lo peor que le puede pasar a un ser humano, sólo queda la resignación, ésta a la postre igual no sirve para nada. Reynolds Robledo nos plantea el tema en Lobos por corderos desde una dramaturgia de buena manufactura, el hilo conductor es completamente lineal y hasta cierto punto el final predecible; hay buenos argumentos en cada uno de los diálogos, inclusive, una reflexión por demás interesante en un monólogo a cargo de la directora del plantel. Invita a reflexionar al respetable, porque uno se pregunta durante el desarrollo del montaje: ¿Yo recibiría un millón de dólares por guardar silencio y no denunciar las deplorables condiciones en las que se encontraba el camión escolar? El dinero es el dinero, se tendía que vivir el caso -espero nunca- para saber cuál sería la decisión.

Hay una codirección a cargo de Daniela Padilla y el propio Reynolds Robledo: acertada, pulcra, manejo excelente del espacio, un ritmo semilento que permite captar a la perfección cada oración, cada pensamiento y exposición de los personajes. La escenografía es realista con un aire de modernidad, sencillamente el interior de la oficina de la dirección escolar. Ambos permiten que sus actores se desenvuelvan de acuerdo con las características y capacidades de cada uno, si bien el trazo es importante, el peso del montaje recae en los cuatro que aparecen en escena.

Los actores son: Mónica Huarte, Mariana Garza, Alejandro de la Madrid y Fernanda Borches. Mónica, como siempre, ya hasta parezco grabadora, excelente, su caracterización de primer nivel, maneja las emociones y las situaciones, su monólogo impecable, actriz de larga trayectoria, la experiencia la ha enriquecido, su sola presencia llena el escenario. Mariana con una participación digna de reconocerse, se entrega, tiene personalidad y la aprovecha en todos sentidos; deja ver sus capacidades para interpretar lo que en el argot teatral se conoce como papeles de carácter. Alejandro y Fernanda, bien; el primero un poco exagerado, con exabruptos, en ocasiones no se ve muy natural; Fernanda exactamente lo contrario, demasiado apocada y no se le cree el pesar por el que pasa la madre que interpreta. Sin embargo, hay equipo, están consolidados para llevar a buen término la representación. El final es en verdad una tragedia. El público reconoce el valor intrínseco de la dramaturgia y a los cuatro actores dando vida a los personajes quienes proporcionan con su trabajo los elementos para pensar. Es la típica obra que se desarrolla en un acto, en el recinto teatral, el segundo viene en la cena o al calor del hogar, cuando quienes asistieron se preguntan: ¿Tú qué hubieras hecho?

Lobos por corderos se representa en el Teatro Milán, Ciudad de México, durante 10 semanas a partir de la presente, los miércoles a las 20:30 horas.