LOS PESCADORES DE PERLAS (FINA BELLEZA DE LA LÍRICA DE GEORGES BIZET)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 

Al escuchar el nombre Georges Bizet inmediatamente nos remitimos a su ópera CARMEN, la más famosa y, por decirlo de alguna forma la más popular. Sin embargo nos remitiremos a LOS PESCADORES DE PERLAS, obra que la mayoría de los expertos consideran como la más fina belleza de la lírica, aun cuando en su momento la crítica especializada no la favoreció, sin embargo, el público la aceptó desde el principio por “la deslumbrante partitura matizada por el encanto del mítico escenario asiático”. El estreno mundial fue en París, en el Teatro Lírico, en septiembre 30 de 1863.

 

Un triángulo amoroso, dos hombres (Nadir y Zurga) y una mujer (Leïla), con la salvedad de que aquellos son grandes amigos. Sólo uno será correspondido, el otro se sentirá traicionado. Zurga, como líder de la comunidad, los condena a muerte cuando son descubiertos en su romance, sobre todo porque ella es una sacerdotisa que debe cantar y bailar en el templo para calmar a los demonios de las profundidades del mar y alejar a los espíritus de la tormenta, se le impone juramento de obediencia y pureza, que obviamente viola. Finalmente, el propio Zurga provoca un incendio en la aldea, la gente del pueblo corre a salvar sus propiedades, el desastre sirve para que libere a Nadir y Leïla y continúen su romance.

 

Los amantes de este género tuvieron la oportunidad de gozar de esta excelente escenificación llevada a cabo en el Metropolitan Opera (Nueva York), transmitida en vivo en la mega pantalla del Auditorio Nacional, bajo la batuta del director concertador Gianadrea Noseda (Italia) y los representantes del bell canto: Diana Damrau (Leïla-soprano-Alemania), Matthew Polenzani (Nadir-tenor-Estados Unidos), Mariusz (Zurga-barítono-Polonia) y Nicolas Testé (Nourabad -Bajobarítono-Francia). Todos un deleite con sus voces y sus caracterizaciones.

 

En un ambiente posmoderno, una estructura metálica y unos andamios de madera, multimedia para recrear las profundidades del mar, con figuras humanas, más que buceando danzando por las azules aguas. Un vestuario, el de los protagonistas más contemporáneo que de época, híbrido informal. En el tercer acto, una oficina más cercano a nuestros tiempos desde donde despacha Zurga. Una excelente combinación de elementos, apoyados por una magnífica iluminación. Omito los créditos porque el programa de mano no los menciona.

 

Otra excelente representación, posible gracias al convenio que existe entre el Auditorio Nacional y el Met, lo que hace posible para los amantes del bell canto disfrutar de momentos donde la calidad vocal invade cuerpos y almas de los espectadores, donde las voces se convierten en la máxima expresión instrumental, la posibilidad de penetrar en la propuesta dramática que sólo un genio como Bizet son capaces de concebir.

 

La próxima cita es en el Auditorio Nacional (Ciudad de México), el 30 de enero, a las 12:00 horas, con la representación de TURANDOT, de Giacomo Puccini.