LULÚ (LA DERROTA DE UNA TRIUNFADORA)

LULÚ (LA DERROTA DE UNA TRIUNFADORA)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imágenes  Facebook de LItzhel Razo

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Una niña de 12 años de edad es atrapada cuando intenta robar un reloj; la víctima en vez de denunciarla la adopta, la manda a la escuela, tiene todo en la vida; su protector, hombre solvente económicamente, se convierte en su amante. Sin embargo, la casa en dos ocasiones –con un doctor y un pintor- queda viuda en ambos casos, uno fallece de un infarto, el otro se suicida al conocer su vida de prostitución y la infidelidad de ella. Después de tener todo, cae en la desgracia por…, su destino vitalicio… Es la derrota de la triunfadora.

Esto es en síntesis la temática de la adaptación de Itzhel Razo de Lulú: el espíritu de la tierra, de Frank Wedekind. Un texto de gran manufactura, más el sublime sentimiento del ser humano, el amor, enfrentado a los más bajos y degradantes instintos; una mujer, quien no puede ser Dios pero puede ser el diablo; una modelo y bailarina de tango capaz de inspirar frases como: “cada vez que te miro, es como si fuera la primera vez, todo lo demás se desvanece”. Itzhel captura la esencia de cada uno de los personajes, va hasta lo más profundo de su ser, viola su intimidad, provoca compasión y desprecio, todo desde una dramaturgia inteligente, propositiva, adentrada en lo humano.

Ella misma es codirectora al lado de David Hevia. Acertada, pulcra, con un ritmo pausado, hacen énfasis en los momentos pasionales y violentos, marcan la psicología de cada personaje. Un cubo, una estructura si se quiere, por escenografía, simboliza el encierro de esos seres vacíos existencialmente, iluminado en forma fundamental con luz neón; vestuario híbrido, intemporal, ellos de oscuro, Lulú un vestido rojo, se puede interpretar el color como símbolo de violencia, de sangre, de muerte, de tortura. El pero en la codirección, una chelista en escena quien parece un adorno, sus intervenciones son mínimas por no decir nulas, un verdadero desperdicio, la mayor parte de la musicalización es grabada.

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Lamentablemente, ante un buen texto y una buena codirección, las actuaciones no están a la altura; hay entrega, deseo, mismo que a la postre no fructifican, unos la libran, otros deprimentes. Esta obra con otro elenco -de actores- sería un deleite, mientras tanto, es sólo un intento desde el punto de vista actoral. Ante la anterior observación no viene al caso mencionar sus nombres, no se trata de fastidiar.

Lulú se presenta en Un teatro (Nuevo León 46, Col. Hipódromo Condesa, Ciudad de México), hasta el 7 de agosto; los sábados a las 21:00 y domingos a las 19:00 horas.