MAMÁ POR SIEMPRE (OFELIA MEDINA Y MANUEL OJEDA: IMPRESIONANTES)

MAMÁ POR SIEMPRE (OFELIA MEDINA Y MANUEL OJEDA: IMPRESIONANTES)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotos de Ale Mostra

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Nada comparable como gozar de una obra de teatro, más cuando se puede considerar lo más cercano a la perfección del arte, que implica esta expresión artística y estética. Protagonizada por Ofelia Medina y Manuel Ojeda, ambos impresionantes, reúnen su experiencia y talento para dar una cátedra actoral, sobre todo, el segundo, cuando caracteriza a un niño de 11 años de edad, uno “ve” al pequeño, su voz modulada para no hacerlo parecer un bobo como ocurre frecuentemente, logra esa maravilla de que el espectador vea lo que  no está en el escenario en términos reales. Los dos bajo la batuta del argentino Manuel González Gil. El texto, Mamá por siempre, del canadiense Michael Tremblay, dramaturgo llevado a escena continuamente en la Ciudad de México.

Un dramaturgo, director y actor, escribe, dirige y actúa una obra donde la protagonista es su propia madre. Recorre varias etapas de la vida de él mismo: 11, 14, 18, 21, 35 años de edad. Obvio, hay una evolución por parte de cada uno de ellos, en la relación entre los dos y las situaciones que los rodean. Una madre -se deduce del título- posesiva, obsesiva, dominante, castrante… influye en torno al devenir de su hijo, sin embargo, hay, por parte de la primera, un gran amor hacia el segundo y viceversa. En cada etapa se abordan diferentes temas, algunos parecieran triviales, sin embargo, a la postre contiene una buena dosis de profundidad, lo cotidiano conlleva a la reflexión: disertaciones alrededor de una novela, charlas sobre el teatro, por qué a los 21 años el muchacho regresa a su hogar a altas horas de la noche y por qué él se convirtió en dramaturgo; los momentos cuando ella está en la antesala de la partida final. Pequeños rompimientos en los que Miguel se dirige directamente al público para explicar a los espectadores… sobre Ana -la madre-, en verdad un deleite de diálogos, cautivan, emocionan; en reencuentro ficticio que sólo la magia del teatro puede lograr, el encuentro en un mismo lugar con quien ha partido y quien le sobrevive, con la ventaja de traer a la madre cada noche, cada función, todo emanado del amor que lo liga con ella por siempre.

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Si Ofelia y Manuel están impresionantes, el mismo calificativo merece Manuel González Gil. Le imprime un ritmo imposible de describir con palabras, un tono envolvente, hipnótico, cada escena posee su propia esencia, nos conduce por una odisea onírica, teatro en el teatro; no es un teatro de arte es el arte del teatro. Increíble como guía a sus actores, aprovecha de ellos lo que son: dos monstruos, dos pilares del teatro nacional. Tiene la habilidad de convertir en protagonistas: sentimientos y sensaciones como el dolor, la angustia, la alegría, la despedida inevitable. Dan deseos de verla por segunda ocasión, la razón, Laura Flores alterna con Ofelia Medina -que paquetote para ésta- en el personaje de Ana, mismo que inicialmente interpretara Rebeca Jones.

No creo exagerar, una de las mejores propuesta vista en mi vida, si lo hago sería sólo por la impresión tan grata que me provocaron estos histriones y el director, bajo la producción de Sergio Gabriel. Sin escenografía, tan sólo unos practicables (cubos y prismas que se convierten en lo que se requiera); un ciclorama enriquecedor, con sólo cambiar el color de la iluminación, un vestuario cotidiano y sencillo, salvo una escena donde Ana está elegantísima y una gran musicalización. El equipo creativo lo conforman: Martín Bianchedi, Flor María Inés, Melissa Bernstein, Manuel González Gil y Alfredo Gutiérrez, entre otros.

La temporada se lleva a cabo en el Teatro Wilberto Cantón -por increíble que parezca, porque este espacio se especializa en bodrios- de jueves a domingo.