OBEDIENCIA SIMULADA

OBEDIENCIA SIMULADA

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

obediencia

A partir de lo ocurrido entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014, México no es el mismo. La desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa dejó al país entero conmocionado. Se sabía que había crimen organizado, feminicidios, tráfico de drogas, trata de personas, impunidad, injusticias, escapes sospechosos, al igual que los hay en otras naciones, pero jamás habíamos tomado conciencia de lo fácil que es desaparecer personas. El suceso podría haber pasado desapercibido, como muchos otros, pero el amor, la desesperación, la ira y la impotencia que sentían, provocó que los padres de los jóvenes alzaran la voz. A través de notas periodísticas y redes sociales, el caso se volvió viral en todo el mundo y ya no hubo modo de ocultarlo.

Hasta el día de hoy, el caso permanece sin ser resuelto. Fue la punta del iceberg que permitió ver que la desaparición forzada es una práctica común. En el proceso de investigación han sido encontradas muchas fosas clandestinas con innumerables restos humanos. Una comisión internacional integrada por peritos de diversas nacionalidades vino a tratar de esclarecer los hechos y sólo lograron dejar a México en evidencia por su corrupción e impunidad, al comprobar que los hechos fueron alterados en casi todas sus fases. Ocultaron pruebas, los cuerpos no fueron quemados donde se creía, lejos de lograr sacar algo en claro, la maraña se ha ido haciendo más confusa con el tiempo.

Mario Ficachi es un hombre que ha dedicado su vida al arte, desempeñándose como actor, director, dramaturgo, escritor, fotógrafo, promotor cultural, artista plástico, productor y docente. Su obra es diversa. Recientemente nos divirtió con Picardías mexicanas, una comedia musicalizada estupendamente e interpretada por la primera actriz Teresa Selma, para luego conmovernos al relatar un amor perenne en Dominó, ahora utiliza el teatro como vehículo para expresar su sentir cívico a través de la Pentalogía de la violencia, de la cual forma parte Obediencia simulada.

obediencia2

Es común pensar que la ficción supera la realidad, pero el estructurado texto de Mario comprueba que desafortunadamente es todo lo contrario. Los personajes son cuatro:  un noble, un pastor, un cazador y un joven mexicano de nuestros días. Los tres primeros provienen de la ficción -un clásico, una tragedia griega y un cuento-, creados en distintas épocas. El diálogo permite que sus historias vayan entrelazándose. Tienen en común haber incurrido en Obediencia simulada. En su momento, cada uno de ellos, fingió obedecer fielmente las órdenes de sus superiores y haber faltado a sus responsabilidades les provoca remordimiento. Tras no hacer aquello que se les ordenaba, se han estado preguntado qué hubiera ocurrido de haberlo cumplido cabalmente. Uno a uno van confesando su indisciplina y compartiendo su sentir. Se sienten identificados y pretenden determinar cuál de ellos es el que carga con mayor culpa. De pronto, un joven los interrumpe, se mofa de ellos y les dice que dejen de lamentarse, pues lo que han hecho o dejado de hacer no tiene relevancia alguna. Se presenta como Santiago y le gusta que lo llamen Shago, aun cuando todos lo conocen como El pozolero. Con crudeza total refiere detalles de su oficio. Lo que narra el joven es escalofriante: tiene en su haber más de 300 crímenes. Lo más impresionante es que no siente remordimientos; para él es de lo más normal.

La labor de dirección por parte de Sergio Cuéllar es impecable. Delimita bien el entorno de cada personaje, a pesar de su procedencia tan distante. Imprime buen ritmo y combina acertadamente los diálogos con la corporalidad e intención de cada uno de los integrantes de su elenco. Además, se encarga de la iluminación y del diseño del espacio escénico.  Andrés Quijano funge como asistente de dirección.

Ricardo Valdivia (el Pastor), Guillermo Navarro (el Cazador), Gilberto Dávalos (el Noble) y Eugenio Rubio (el Joven) ofrecen una buena labor histriónica y corporal, brindando credibilidad a sus personajes.

A fin de dar realce a lo que se dice y al desempeño actoral, el montaje es sencillo. La escenografía que tan sólo requiere de unos cuantos cajones de madera es producto de Jazmín López. Los efectos visuales y multimedia, coadyuvantes en el desarrollo de la puesta en escena, son de Romeo de Paz. El vestuario es de Foro Chapultepec / Abcdidáctico. El diseño sonoro es impartido por Iván Mondragón. La fotografía es de Arisbeth López. La producción es de Orlando Producciones.

obediencia3

Si quieres enterarte de todo lo que dice el pozolero, tienes que ver Obediencia simulada. Te aseguro que quedarás impactado. Te surgirán muchas inquietudes, por ejemplo: ¿cuántos jóvenes como el Shago existen en nuestro país?, ¿cómo es que se haya perdido el respeto a la vida humana?, ¿cómo se ha llegado a tal cinismo?, ¿nadie puede hacer algo al respecto? En definitiva, Obediencia simulada es una obra impresionante que nos confronta con la realidad que estamos viviendo. Teatro independiente que pone su grano de arena en aras de que la situación mejore.

Su temporada está por finalizar, así que apresúrate a verla. La entrada es libre, pero se puede aportar un donativo voluntario. Es importante que trates de compensar lo que estás recibiendo, por lo que tu donativo debe ser consciente. Piensa en lo mucho que ha trabajado el grupo para ofrecerte un buen trabajo.

Obediencia simulada se presenta los lunes a las 20:00 horas en la sala Julián Carrillo de Radio UNAM, ubicada en Adolfo Prieto número 133, colonia del Valle, cerca de la estación Amores del Metrobús, Ciudad de México. La temporada concluye el lunes 12 de diciembre de 2016.