PERROS (¿QUIÉN ES EL ASESINO?)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 

Siempre me ha llamado la atención cómo puede un dramaturgo escribir una obra y una vez agotado el tema central, sobre todo si es desde el inicio, se pierda en el bla, bla, bla… y a cuenta gotas agregue algunos elementos o detalles, para, por fin, llegar a una conclusión. Es el caso del finado Lizandro Duarte con la obra PERROS, bajo la dirección de Jorge Arizmendi.

 

En un Centro de Adiestramiento cinco militares son arrestados por el homicidio de un compañero. Todos son sospechosos, inclusive uno es hermano del occiso, todos tienen motivo y ninguno uno clara coartada. Salen a relucir características de la personalidad de cada uno y forma de vida como el homosexualismo, por citar un solo ejemplo. La quinteta decide llevar a cabo un juicio entre ellos mismos para llegar a la verdad y descubrir al homicida. Entre todos se echan la culpa, los cinco se declaran inocentes, al concluir la responsabilidad recae en… El texto avanza lentamente, los diálogos se repiten en el sentido de ir a lo mismo, estrictamente no es lineal más bien se desarrolla en espiral, se vuelve repetitivo y a la postre cansado a pesar de los comentarios que a continuación expresaré.

 

La dirección plantea un ritmo de mucho desgaste físico (peleas entre ellos o conatos de pleito) escenas con desplazamientos por todo el espacio a un ritmo veloz. Por otra parte, durante el desarrollo los actores se la pasan gritando, no en un tono de voz alto, literalmente gritando. Es de suponerse que ante la situación que decidirá su futuro inmediato, la posibilidad de ser llevados a un Consejo Militar la aflicción, la preocupación y la incertidumbre del qué va a pasar, los llevaría a momentos de angustia, hasta de reflexión y meditación, ese silencio que domina ante situaciones límite de este tipo, no gritando de principio a fin. No hay escenografía en forma estricta, cinco sillas un catre, una mesa y una escalera. La penumbra es la característica de la iluminación. El vestuario: pantalón y botas militares, camiseta en el torso. Una dirección discutible, en lo personal no de mi agrado.

 

Las actuaciones a cargo de cinco jóvenes, incluyendo al propio Jorge Arizmendi, omito el crédito de los otros cuatro al no haber programa de mano y acepto no los conocía. Mucha entrega, arrojo, deseo de convencer, hasta ahí, porque más que actuar parecen luchadores, problema de dirección.

 

PERROS tiene temporada en el teatro La Capilla, Ciudad de México, los martes a las 20:30 horas.