SÁNCHEZ HUERTA (ALARMANTE EL SUICIDIO INFANTIL)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto del Cartel promocional

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Un hecho, en el ámbito mundial en general y el nacional en particular, es el incremento en el número de suicidios entre los infantes y adolescentes. Sólo para tener una idea, entre 2000 y 2010 el suicidio de niños de 5 a 14 años de edad alcanzó la cantidad de 150; hoy día se reportan alrededor de 16 casos por día en la República Mexicana.

Un tema dramático, escabroso, preocupante. Como hemos mencionado en otras ocasiones, al teatro le conciernen todos los asuntos inherentes al ser humano, por ello Claudia Ríos aborda el tema desde la dramaturgia bajo el título de Sánchez Huerta, apellidos de una niña de 12 años de edad quien se quitó la vida. Una pequeña inteligente, aplicada, simpática, aparentemente feliz y con muchas comodidades materiales a su alcance, casi perfecta. ¿Qué la llevó a tomar esa decisión? Tal vez porque su madre la recluyó en un internado de lujo, sin embargo, la privó de su afecto, de sus abrazos; tal vez por un supuesto abuso sexual por parte de…; tal vez la lejanía geográfica con relación a su padre. En concreto, sin descontar muchos tal vez, la indiferencia de sus progenitores; tener todo y al mismo tiempo nada, sobre todo lo deseado.

Claudia nos presenta un texto que inicia por el final, esto es, Eva Alicia (nombre de pila de la niña) ya ha dispuesto de su vida, la obra avanza, en cierta forma, hacia atrás, escudriñar las circunstancias que la llevaron a tomar tan drástica decisión. Una madre, quien sufre la pena, el remordimiento, cuando ya no hay nada que hacer. Quienes le sobreviven a un suicida quedan marcados para siempre, personas y familias se fracturan emocional y moralmente. Una obra que ataca de forma frontal lo visceral -en el buen sentido del término- emotivo, busca las diferentes circunstancias del hecho, por momentos didáctico, una buena dosis de argumentos éticos. Idónea para ser representada en escuelas y, por supuesto, a los padres con hijos menores o adolescentes.

La dirección es responsabilidad del maestro Banjamín Cann, uno de los más reconocidos en este rubro. Sin embargo, en esta oportunidad opta por un ritmo lentísimo, sobre todo, en el primer tercio del montaje, tan lento que se vuelve somnolienta la puesta. El padre de la niña de principio a fin, en todas sus intervenciones, carga una maleta, inclusive en un cambio de ropa, es de suponerse tiene algún simbolismo, se requiere de la semiótica para descifrarlo, no fue mi caso. Durante el desarrollo de la puesta hay apagones y encendidos de segundos de duración, vistosos. En algunos momentos multimedia. Todo sucede en un salón de clases de la escuela donde se dio el hecho lamentable, el diseño del espacio escenográfico a cargo de Matías Gorlero, éste incluye una especie de fuente con agua real alrededor de una tarima.

El reparto: Ana Karina Guevara, Mónica Dionne, Roberto Sosa, Damayanti Quintanar, y Socorro Miranda. Mónica maravillosa, como siempre, mujer teatro (actualmente en tres montajes en forma simultánea), en este caso en un papel de carácter, si bien no es la protagonista, sus escenas son exquisitas. Roberto es un gran actor, sin embargo, en esta ocasión queda por debajo de sus potencialidades, más por la dirección y la maleta citada. Comentario aparte merece Ana Karina Guevara, un gran trabajo, no sólo es la protagonista, es el alma de la propuesta, lleva adelante a su personaje con cambios sutiles de emociones y sentimientos, a pesar de ese ritmo lentísimo adoptado por Cann.

Sánchez Huerta tiene lugar en el Teatro Milán (Ciudad de México), los viernes a las 20:20; sábados 18:00 y 20:15, y domingos: 17:00 y 19:15 horas, hasta el 27 de agosto.