TRAINSPOTTING (ESTAR INMISCUIDO EN EL MUNDO DE LAS DROGAS)

TRAINSPOTTING (ESTAR INMISCUIDO EN EL MUNDO DE LAS DROGAS)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 La sabiduría popular expresa: “zapatero a tus zapatos”. La cita viene a colación con relación a la nueva propuesta de Gabriel Retes (hijo del maestro Ignacio Retes) de la novela Trainspotting, del escritor británico Irvine Welsh, después llevada al cine -con gran éxito- por Danny Boyle y adaptada al teatro por Harry Gibson. En concreto, la trama gira en torno a lo que significa y las consecuencias que conlleva para los jóvenes estar inmiscuidos en el mundo de las drogas.

Gabriel es un destacado cineasta, reconocido en los ámbitos nacional e internacional. Sin embargo, una cosa es la cinematografía y otra el quehacer teatral; diferentes lenguajes, técnicas, posibilidades, recursos y un largo etcétera. Esta es la tercera versión que veo de Gabriel Retes de la obra en cuestión, todas desafortunadas, a pesar de que en la primera el elenco lo encabezaba el histrión Roberto Sosa (hijo). En términos generales se podría ubicar como una tragedia moderna: el director la convierte en una malograda comedia, chistes desgastados, carentes de humor, pretende hacer reír por incorporar una alusión al presidente Enrique Peña Nieto y algunas frases de la política y acontecer social de nuestros días. Un tema cuya raíz es seria, profunda y preocupante se diluye en un contexto híbrido, porque se pierde el género prístino, quiere provocar hilaridad, ¡no lo logra!

Para ubicar esto último transcribo la trascendencia y contexto por el que debería transitar: “Trainspotting nos habla sobre la vida de Marco, un chavo adicto a la heroína; cuenta las anécdotas con sus amigos Toni, Alicia y Franco, un grupo de chicos sin aspiraciones en la vida, a través de los cuales conocemos lo duro que es estar inmiscuido en el mundo de las drogas y las consecuencias que esto trae consigo”. El fondo es cruel y violento, en buena medida se pierde en el transcurso de la puesta, no se puede, no se debe, hacer un chiste de una temática ríspida que afecta a nuestro México contemporáneo. En forma errónea al hablar del universo de las drogas se hace, en términos generales, a partir de los narcotráficantes y quienes los combaten, pocas veces de los consumidores y Retes, con su pretendida hilaridad le da en la ma…ceta a la reflexión que conllevaría una obra como la que nos ocupa.

Hay exceso de narrativa -explicaciones directas al público- recurso que denota falta de imaginación escénica, largos monólogos. En su afán por hacer divertida la propuesta, llega a la osadía de que uno de los personajes femeninos (responsable de contratar personal) hable como una verdadera idiota. Además Retes es el responsable del diseño escenográfico: unos espejos al fondo, tal vez pretende que el público se vea reflejado en ellos; al frente minimalista (tres sillas de oficina). Esto se traduce en que el peso de la puesta queda en los actores, quienes cierran el círculo del malogrado montaje. Ellos son: Vicente Flores (Marco), Juan Claudio Retes -supongo hijo de Gabriel- (Franco), Raúl Andrade (Toni) y Merixtell Gález (Alicia).

En fin, para todos aquellos que se consideren lo suficientemente ingenuos para reír sin motivo, la cita  es en el Teatro Rodolfo Usigli (Eleuterio Méndez 11, Coyoacán), los viernes y sábados a las 18:30 y 20:30 horas, hasta el 31 de diciembre.