TRISTESSA (LA ESPERANZA Y EL HORROR DEL VACÍO)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de la producción en facebook

 tristessa

 

Un día atareado toda la mañana invadida por ocupaciones, por la tarde consulta con el médico, una hora y media de antesala, tiempo suficiente para leer dos textos dramáticos. Abandonar la clínica, opciones para rehabilitar la mente y el cuerpo, desde mi perspectiva acudir al teatro, hay una función de estreno. Con el tiempo en contra, sufro todos los ajetreos del Metro, llego diez minutos antes del inicio de la función, recojo mi cortesía, estoy en la mejor disposición para disfrutar una puesta en escena.

 

Triste mi suerte, sin aludir al título de la obra en cuestión TRISTESSA. LA ESPERANZA Y EL HORROR DEL VACÍO, versión extraída de la novela de Jack Kerouac, a cargo de Gibrán Valencia, también responsable de la iluminación y “dirección”. La esperanza se me evaporó desde el inicio, el horror del vacío durante todo el desarrollo. En verdad un montaje horroroso y vacío en más de un sentido, empezando porque no hay escenografía, una mesa de esas de tugurio, con sus dos respectivas sillas; un vestuario de miedo, en realidad más que personajes parecen payasos, sobre todo el hombre, ella arrabalera de callejón de algún barrio perdido, ni hablar los actores deben someterse a la voluntad y capricho de quien dirige. Al fondo del escenario, una mesa de trabajo, ahí está ubicado el equipo de sonido y la consola desde donde se opera una parte de la iluminación. Lo rescatable de la “propuesta” es la musicalización, temas originales y covers, responsabilidad de Leonel Martínez (diseño sonoro). Gibrán emplea un proyector para crear efectos de iluminación, en principio hay que reconocer su esfuerzo, mismo que echa por la borda, los espectadores instalados del lado izquierdo con relación al escenario, no ven, vamos ni se enteran de lo que acontece con una haz de luz azul, ésta refleja en la pared lateral las sobras de los actores, la “iluminación”, en términos generales, queda en la penumbra permanente.

 

Los supuestos temas van y vienen, palabras deshilvanadas, teatro del absurdo pareciera, en realidad es una versión de lo absurdo del teatro. Un tema central puede ser el viejo asunto de que la vida no es real… el impedimento de eludir el deseo… siempre está frente a uno. Seres viviendo en el inframundo, sus existencias no tienen sentido, esperar en el vacío existencial, sólo aletargado por los efectos de la morfina. Previo al ingreso del público a la sala, lo producción ofrece mezcal, al menos en la función de estreno, tal vez para aletargar los sentidos de los futuros torturados, en realidad deberían obsequiar morfina para estar a tono con los personajes. Texto denso, confuso, en ocasiones se reduce a “tonterías” en otros quiere ser filosófico, lo cierto es que la dirección se perdió, el contenido queda al margen de lo visual, trazo invadido por exabruptos absurdos, una “coreografía” interminable, sólo Valencia sabe lo que significa, se requiere de un experto en semiótica para adentrarse en la simbología pretendida.

 

Las víctimas, como suelo denominarlas, del “director” son Athena Alín y Rodolfo Jacuinde, el volantre publicitario los acredita como intérpretes, no se sabe de qué, pero ellos lo creen. Ni a cual ir de los dos, inexpresivos a pesar de sufrir algo parecido a los efectos de un ataque de epilepsia en escena, sobre todo en el caso del segundo, como dice la sabiduría popular: “lo que hay que hacer para comer”. En fin no hay más que decir, no tiene caso desperdiciar espacio y menos que los lectores pierdan su tiempo. TRISTESSA está en La Capilla (Coyoacán, Ciudad de México), los miércoles a las 20:00 horas.