YO SOY CHAVELA

YO SOY CHAVELA

Texto y fotos de Eugenia Galeano Inclán

En todo el mundo llama la atención la singular forma en que el mexicano toma la muerte.  No entienden cómo es posible que tengamos fechas para celebrar la muerte, que pongamos altares muy adornados donde colocamos fotografías, velas, flores, papel picado y todo aquello que gustaba al difunto. Todavía más extraño les parece que tengamos pan de muerto, calaveritas de azúcar y que hagamos versos aludiendo a las características de alguien que ha partido. Lo cierto es que nosotros rendimos culto a quienes se han ido y en nuestro corazón los llevamos por siempre.

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En cuanto a los homenajes, también somos especiales. Una canción popular oaxaqueña proveniente del folklor del Istmo de Tehuantepec recoge nuestra idiosincrasia. Se trata de La Martiniana, cuyas estrofas dicen lo siguiente: “Niña, cuando yo muera no llores sobre mi tumba, toca sones alegres, mi vida, cántame La Sandunga“… “No me llores, no, porque si lloras yo peno, en cambio si tú me cantas yo siempre vivo, yo nunca muero“. Una de las mejores formas de honrar a los muertos es cantándoles. El creador teatral Raúl Serrano ha de estar de acuerdo con esto, porque en Yo soy Chavela honra la memoria de la famosa cantante Chavela Vargas, con música y canto.

María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, conocida artísticamente como Chavela Vargas, nació en Costa Rica en 1919 y falleció en Cuernavaca, Morelos, México, en 2012.  Si bien era oriunda de Costa Rica, vivió prácticamente toda su vida en México, al que consideraba como “su” país. Fue una famosa cantante que imprimía un peculiar sello a las canciones con su peculiar voz, a la que coloquialmente los mexicanos definiríamos como “aguardientosa“. Era una mujer recia que fumaba tabaco, bebía mucho y portaba pistola.  Anticipada a su época, valientemente se ostentaba como lesbiana.

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El primer paso para escribir algo sobre una personalidad es realizar una investigación exhaustiva, para luego hacer una sinopsis con todos los datos recabados y, finalmente, crear la dramatización que será llevada a escena. Todo esto lo hizo magistralmente Raúl Serrano en forma extraordinaria. Su síntesis es formidable, da a conocer detalles esenciales, cita fechas determinadas, incorpora frases dichas por Chavela en entrevistas, hace referencias a celebridades que, en su momento, convivieron con la intérprete, a sus éxitos, giras y conciertos, y a datos de su vida personal que, para muchos, son desconocidos.

En otras palabras, da voz a la cantante, cual si ella misma fuera quien narrara su vida, para decir justamente lo que ella quisiera decir. En forma sorprendente logra captar la esencia misma de Chavela Vargas. El diseño del espacio escénico es aparentemente sencillo, pero estético y apropiado. Le bastan un equipal, una pequeña mesa y un espejo de mano. Música en vivo, algo de baile y un dispositivo multimedia para proyectar imágenes de apoyo a la narrativa. En el vestuario no podía faltar el tradicional jorongo que Chavela adoptó como parte de su personalidad.

Mediante un texto de excelente factura y una impecable labor de dirección escénica, Raúl Serrano brinda al espectador el recuento de diversos pasajes de la vida de la cantante desde su juventud hasta sus últimos días. Chavela rememora momentos que le fueron significativos, hablando para sí misma, cual si estuviera reviviendo para disfrutarlos de nuevo. Habla con toda sinceridad, sin ambages ni tapujos. Se remonta a su niñez. El sufrimiento de haber nacido con poca vista y padecer poliomielitis. Mientras su madre parecía no quererla, su padre sólo estaba interesado en conquistar jovencitas, así que creció con unos tíos. Fue una niña solitaria que platicaba sola y le cantaba a la luna. Nunca jugó con muñecas, pero le encantaba dispararle a las serpientes. México le sonaba a mágico. El canto siempre ligado a sus andares: “¡Que cante la niña Isabel!”.

Sus noches de bohemia con sus entrañables amigos José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez y Álvaro Carrillo, siempre al calor del tequila y el mariachi. Ríe al recordar el mote con el que llamaban a Miguel Aceves Mejía. Su asombro de haber llegado a La Habana sin saber ni cómo, tras una parranda. La admiración que sintió por Lola Olmedo, el impacto que le causó Frida Kahlo, su pasión por Macorina, el amor incondicional que le prodigó Vicenta Vargas. La alegría de conocer a Liliana Felipe y a Jesusa Rodríguez. Las sensaciones que le provocaban los poemas de Federico García Lorca. La apoteosis de sus grandes conciertos. Sus múltiples viajes, donde siempre iba con canciones mexicanas. Una mujer que amó más de lo que hubiera querido y sufrió más de lo que debía.

Otro acierto de Raúl Serrano es haber elegido a Laura Cortés para encarnar a Chavela, aun cuando física y vocalmente son tan distintas. En tanto que Chavela era una mujer recia, Laura es bella y delicada. Los registros de voz y la tesitura de ambas cantantes son diametralmente distintos. Laura Cortés es una joven con larga trayectoria artística, que básicamente se ha dado a conocer en comedia musical. Dado que en este género lo más relevante es la voz, es difícil descubrir la capacidad histriónica de los intérpretes, en razón de que la mayoría de las producciones son franquicias con estipulaciones precisas sobre la forma en que deben desarrollarse sobre el escenario. En Yo soy Chavela, Laura Cortés despliega todas sus habilidades al construir su personaje con sensibilidad y talento, y lograr transformarse en Chavela.

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Acompañan a Laura Cortés: Ana Pruneda, con algunos bailables y dando vida a algunos personajes alternos. Alberto Alvarado, ejecutando la guitarra, y Eduardo Arreola en percusiones y dirección musical. Eduardo Arreola también funge como asistente de dirección  e  Iván Rosales como asistente de producción. La producción es de Movimiento Artístico Multidisciplinario. El productor es Cuauhtémoc Luna.

Seas o no seas fan de Chavela Vargas, el montaje te encantará. Es loable que Raúl Serrano haya realizado una rememoración tan completa en honor de una persona que ha partido. Un trabajo donde no quedan cabos sueltos, perfectamente planeado y creativamente logrado. En Yo soy Chavela conocerás a la auténtica Chavela Vargas, gracias a la fabulosa interpretación de Laura Cortés. Reirás y sufrirás junto con Chavela, mientras escuchas sus canciones. Sólo aquí podrás descubrir su sentir.

Yo soy Chavela se presenta viernes y sábados a las 20:30 horas en el Teatro Rodolfo Usigli, ubicado en calle Héroes del 47 número 122, Coyoacán, en la Ciudad de México. La temporada concluye el sábado 24 de septiembre de 2016. Los boletos se compran en taquilla o en www.yosoychavela.com.