ALGO DE POESÍA

Por ignacio Velázquez

Fuente: http://amediavoz.com/torresbodet.htm

 jaime torres

Jaime Torres Bodet.- Reseña biográfica

Poeta y dramaturgo mexicano nacido en Ciudad de México en 1902. Desde muy joven mostró inclinación a la literatura. Inició sus estudios profesionales en la Escuela de Jurisprudencia y en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional de México donde se licenció en Filosofía y Letras. Gracias a su amplia trayectoria intelectual, mereció cargos importantes en el campo de la diplomacia y la literatura, tales como, Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, del Colegio Nacional, del Instituto de Francia y de la Academia del Mundo Latino. Doctor Honoris Causa de varias universidades y representante diplomático de su país en varios países europeos y americanos. Su obra poética se inició con «Fervor» en 1918, al que siguieron entre otros, «El corazón delirante» 1922, «La casa» en 1923,  «Poemas» 1924, «Biombo» en 1925, «Destierro» en 1930, «Cripta» en 1937, «Sonetos» en 1949, «Fronteras» en 1954, «Sin tregua» en 1957, «Trébol de cuatro hojas» en 1958 y «Obra poética» en 1967. Obtuvo en 1966 el Premio Nacional de Letras. Después de padecer una larga enfermedad, se quitó la vida en 1974.

 

Amor

Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
-sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros-
que a todas partes va
conmigo, cuando viajo.

Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
-por ejemplo- poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios…

Canción de las voces serenas

Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.

Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor.

Y se nos irá la aurora
en volver a esa canción,
en perseguir otra nube
y en deshojar otra flor.

Y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón…

La doble

                                                   Era de noche tan rubia
como de día morena.

Cambiaba, a cada momento
de color y de tristeza,
y en jugar a los reflejos
se le iba la existencia,
como al niño que, en el mar,
quiere pescar una estrella
y no la puede tocar
porque su mano la quiebra.

De noche, cuando cantaba,
olía su cabellera
a luz, como un despertar
de pájaros en la selva;
y si cantaba en el sol
se hacía su voz tan lenta,
tan íntima, tan opaca,
que apenas iluminaba
el sitio que, entre la hierba,
alumbra al amanecer
el brillo de una luciérnaga.

¡Era de noche tan rubia
y de día tan morena!

Suspiraba sin razón
en lo mejor de las fiestas,
y puesta frente a la dicha,
se equivocaba de puerta.

No se atrevía a escoger
entre el oro de la mies
y el oro de la hoja seca,
y -tal vez por eso- no
supe jamás entenderla,

porque de noche era rubia
y de mañana morena…