BARE KNUCKLE (EL TRUCULENTO MUNDO DEL BOX)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de la compañía.  Salvador Carmona e Israel Sosa, intérpretes de Bare knuckle

 

Bare

 

Todos aquellos que han estado en contacto con el mundo del boxeo, ya sea porque son amantes de este deporte, lo han seguido por televisión o a través de la cinematografía, su entorno es conocido. Hasta el más neófito ha oído de las trucañuelas que lo rodean: peleas arregladas; detrás de ellas, millones de pesos o de dólares; la mafia involucrada, los promotores, los mánagers y demás son parte de la maquinaria de corrupción; los únicos perdedores, más allá del ring, son los boxeadores, tanto jóvenes como veteranos, seres con ilusiones quienes terminan lesionados, lisiados, unos con menos suerte pierden la vida.

Por este universo, recordemos es una actividad practicada en casi todos los países del mundo, es el pretexto de un texto que lleva por título Bare knuckle (en español “el mejor golpe”), de la autoría de Israel Sosa, bajo el coucheo de Jesús Rojas y Rafael Balderas. El tema ha sido abordado en varias ocasiones y en múltiples modalidades, en concreto, no es nada nuevo. Lo importante en este caso es que la estructura, el melodrama y la tragedia caminan de la mano, se alternan, de hecho la simbiosis es tan sutil que puede pasar desapercibida. Hay subtemas: involucrarse en lo prohibido para mejorar la condición económica de una madre, reunir una cantidad de dinero –por ejemplo, doscientos pesos- para acceder a buenos carteles o funciones. Los protagonistas son dos hermanos: El Güero y El Chaparro. El primero se convierte en entrenador y representante del segundo. El Chaparro entra en contacto con los corruptos para participar en un combate clandestino; éste se lleva a cabo y gana cuando no era lo esperado. Le proponen un segundo encuentro el cual debe perder y… la historia sigue hasta… El desarrollo es lineal sin descontar su buen tratamiento, por ello despierta el interés de todos, incluyendo a los ajenos al mundo de los golpes. Parte del subtexto es el lado humano, las buenas intenciones, la fraternidad, los lazos de sangre y, en forma lamentable, la ingenuidad. El desenlace es esperado, sin embargo, toca las neuronas de la sensibilidad, aspecto de suma importancia en el teatro.

Jesús y Rafael optan por un montaje dinámico, ágil, el lenguaje corporal es vital, por momentos coreográfico; la exigencia y desgaste físico al límite; acción de principio a fin mientras se expresan los diálogos y desdoblamientos en otros personajes. No hay escenografía, todo se reduce a dos punching bag, mismos que simbólicamente sufren varias metamorfosis. El único “pero”, la mayor parte del tiempo los actores gritan, la euforia escénica llevada al máximo. Toda la acción, el peso de la propuesta recae en los actores.

Salvador Carmona y el propio Israel Sosa son los intrépidos del cuadrilátero. Con lo expresado en el párrafo anterior quedan claros los requerimientos a satisfacer. Se les debe reconocer que además de lo físico su trabajo actoral es loable, proyectan emotividad, energía, viven el boxeo y transgreden las vísceras del respetable.

Bare knuckle está por concluir su temporada en Casa Actum (queda una función el 14 de septiembre a las 20:30 horas). A partir del 3 de octubre tendrá una nueva temporada en Un teatro (col. Condesa, Ciudad de México), los martes a las 20:30 horas. Por otra parte, representará a Puebla en la próxima edición del Festival Internacional Cervantino.