CANCIÓN ROTA (PARA UN PERDEDOR FORTUITO)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro, critico de teatro

 

Decía el filósofo español Ortega y Gasset, que el ser humano es el arquitecto de su propio destino. En principio es cierto, sin embargo, hay hechos o realidades los cuales marcan nuestras vidas, para bien o para mal, en los que no interviene nuestra voluntad. Pongamos un ejemplo: un beodo manejando a gran velocidad se sube a la banqueta, atropella a un peatón y lo deja parapléjico de por vida; este hombre o mujer ni remotamente pueden ser arquitectos de su propio destino.

Apartándonos de lo exageradamente patético, hay seres que su devenir está, si no determinado sí condicionado, desde el mismo instante de su nacimiento, tal es el caso de Gabriel, protagonista del monólogo de Arturo Amaro, intitulado Canción rota para un perdedor fortuito. La última palabra del título nos lleva a pensar que la mala suerte es la que conlleva a la vida desgraciada de este ser que deambula en un magnemárum de problemas y dudas existenciales. En parte lo anterior es cierto, sin embargo, en este caso el susodicho cae -no por mala suerte sino por decisión propia- en el alcoholismo, hundido en la bebida, consumiéndolo durante meses. A los 28 años de edad su padre lo considera un perfecto inútil. En una jugada de la vida encuentra muerto a su progenitor; para él, el descanso, para Gabriel, el infierno continúa. Si no en estricto sentido, se puede ubicar el texto como una tragedia moderna, como casi todos los monólogos es narrativo y hasta cierto punto lineal y biográfico, un recorrido por el devenir de un individuo en desgracia.

La dirección la asume Benjamín Bernal. Se vale de una escenografía hiperrealista (Adriana Enríquez), literalmente cuando se abre el telón aparece el interior de una cantina en forma, todos los detalles que se pueden encontrar en una verdadera, ahí están. El trazo es acertado, a pesar de la inmensidad del ancho del escenario; el desplazamiento es el adecuado, el actor ocupa todo el espacio. El director aprovecha las cualidades inherentes de su actor para “explotarlo” al máximo y convertir el monólogo-tragedia en un motivo de reflexión. Hay un entendimiento perfecto del fondo del texto, tal vez el único pero es no darle más énfasis a los momentos de clímax.

Por su parte, Arturo Amaro, como actor, nos lleva de la mano, hasta lo más profundo del alma de Gabriel, en forma desgarradora, quedamos atrapados en las entrañas de un alcohólico con más problemas psicológicos que físicos. El actor le da un matiz desgarrador, convence, vive la problemática existencial, la transmite, se ve “natural”, no hay exageraciones; todo a su tiempo, oralidad pausada. Logra se asimilen sus tres relaciones con sus amantes: la Güera, una coreana y Fabiola, hasta cierto punto, sin estar en escena, Arturo las convierte en protagonistas. Al final nuestro desdichado Gabriel sucumbe para solo expresar: ¡Estoy muerto!

Canción rota para un perdedor fortuito se representa en el Espacio Universitario de Cultura Off Spring, ubicado en Francisco Pimentel 14, colonia San Rafael (metro San Cosme), los domingos a las 18:00 horas, hasta el mes de diciembre, para reiniciar temporada el próximo 2018.