CASA DE MUÑECAS (LA TRISTE REALIDAD DE MUCHAS MUJERES)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico teatral

Foto de Adriana Hernández

casamuñecas                                                       Escenografía de obra Casa de muñecas, de Gabriel Pascal

Henrik Ibsen, el más destacado dramaturgo de origen noruego, es considerado el padre del realismo contemporáneo e iniciador del teatro de tesis y del teatro social. Entre sus obras más connotadas están Peer Gynt, Brandt, Espectros y Casa de muñecas, esta última de la que hoy nos ocuparemos.

Es considerada una de los textos más representativos de la dramaturgia universal. Aborda la triste realidad de la mayoría de las mujeres sin importar su nivel de educación, estado económico o condición social; presas del dominio impuesto por los varones, sometidas a la esclavitud del hogar, de los compañeros de trabajo, del padre, esposo o de cualquier patán que invada su entorno personal y social.

Más que una denuncia, la prosa de Ibsen es un reflejo en el escenario, un intento -casi desesperado- para tomar conciencia de la situación, en principio no hay recetas o remedios fáciles, sí, hacia el final, de determinaciones, de fuerza de voluntad y de carácter para alcanzar la libertad existencial, obvio, casi siempre ante un logro hay un sacrificio.

Surge la interrogante sobre si el texto es de actualidad, la respuesta es un rotundo sí. En nuestra época pareciera exagerado que una mujer sucumba por haber falsificado una firma en un pagaré, a pesar de estar cumpliendo con sus obligaciones, con el propósito de una buena causa y ocultar su acción al beneficiario, a cambio sufrirá el escarnio social e injustas reclamaciones, infundios por parte de quien dice amarla y haberle dado todo… lo material. La anécdota ubicada en su tiempo nos puede parecer creíble, ahora no tanto, lo importante es el subtexto, el fondo de la temática.

Mauricio Jiménez -a quien considero el mejor director mexicano del minimalismo escénico- da un giro en su estilo y conjuntamente con la creatividad de Gabriel Pascal, opta por una escenografía hiperrealista -la sala de un departamento- en medio de una gran estructura, ésta simboliza la jaula de oro donde se transgrede la dignidad de Nora. La puesta se fundamenta en el valor de la dramaturgia, a ésta le da tono y ritmo pausado, casi a cámara lenta, pusilánime, como si el tiempo no transcurriera en el interior de esa habitación, como si los personajes estuvieran pasmados, ensimismados ante sus situaciones; las relaciones entre ellos están remarcadas, aún en los casos de crisis actúan con una calma impresionante, una actitud casi pasiva. No hay forma de no involucrarse con lo que está pasando frente a uno. Mauricio se encarga de inmiscuir a todos de forma sutil, es una dirección de actores.

La complicidad con la intencionalidad, con la estética y los tiempos escénicos se complementa con las actuaciones de Andrea Salmerón (Nora), Moisés Arizmendi (Torvaldo), Erando González (Dr. Robles), Olga González (Cristina) y Francisco Mena (Conrado). Todos en su conjunto asumen las directrices de Mauricio, en verdad dignos de reconocimiento, en especial Moisés -indudablemente el mejor- y Erando -un monstruo del histrionismo, en apoyo vital de la propuesta-. Antes de concluir, debo decir que el espectador se enfrentará a un montaje que de igual manera será aprobado o rechazado, esto con base en el ritmo y el tono.

Casa de muñecas se representa en el Teatro Helénico (Ciudad de México), hasta el 17 de diciembre y del 5 de enero al 4 de febrero del 2018, los viernes a las 20:30, sábados 17:00 y 20:00, y domingos 18:00 horas.