CLUB DE LOS DIAGNOSTICADOS

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

Uno de los tesoros más preciados del ser humano es la salud. Cuando no la tenemos, todo nuestro mundo se ve afectado. Desde un simple catarro, hasta una dolencia seria cambian nuestro desempeño. En cualquier caso, lo aconsejable es acudir a un profesional, quien determina qué estudios, análisis y pruebas requerimos. Una vez que se tienen los resultados, el médico emitirá su diagnóstico. Recobrar la salud depende mucho de un buen diagnóstico, toda vez que éste es la base para una prescripción adecuada, sea de medicamentos, terapia o estos combinados.

p1170771En cuanto sentimos un dolor o molestia, o bien, si sufrimos un percance o accidente, de inmediato sabemos que hemos perdido parte de nuestra salud física. En cambio, cuando ocurre un padecimiento mental es difícil distinguirlo, tanto para el paciente como para sus familiares. Se requiere de una serie de hechos que indiquen que alguien no actúa con normalidad. En ocasiones, las personas que sufren este tipo de trastornos no acuden a un especialista y los que más sufren serán quienes conviven con ellos, ya sea por impotencia y tristeza de no poder ayudarlos o por miedo. En todo caso, un mal mental no diagnosticado es un riesgo para el paciente y sus allegados. Al igual que en las enfermedades físicas existe una gran variedad en las enfermedades mentales. Los hay agresivos, como los sociópatas, los psicópatas, los esquizofrénicos, pues en momentos de crisis pueden llegar a asesinar a alguien. En los casos de violencia intrafamiliar, es posible que el agresivo padezca un mal mental no atendido. También los hay pacíficos, aquellos cuyo trastorno mental los hace vivir alienados o ensimismados, por ejemplo, los autistas que no agreden, pero tampoco socializan.

Si se siguen al pie de la letra las indicaciones médicas, es relativamente fácil recuperar la salud física, no así la salud mental. Así como se dificulta más la detección, igual la recuperación de la salud mental y la readaptación a la vida social.

Por lo general, los alienados tienen que pasar, cuando menos un tiempo, confinados en un hospital psiquiátrico. Este aislamiento les ayuda para su curación, pero también en sus momentos de lucidez sienten profunda tristeza.

p1170785La prestigiada psicóloga Bricia Gurrola, cuyo nombre completo es Bricia Yolanda Gurrola Lazcano, realizó sus primeras prácticas en una institución psiquiátrica y ha escrito diversos textos al respecto. Inspirada por estos textos, la joven dramaturga Nora Coss, originaria de Sabinas, Coahuila, decidió llevar estas experiencias al teatro.  Fue así como surgió el Club de los diagnosticados.

En su propuesta, Nora Coss no incluye antecedentes ni cómo se dieron cuenta de la enfermedad, se limita a presentar la vida diaria de los pacientes en el hospital, brindándoles voz, a fin de que sean ellos quienes digan lo que sienten y lo que piensan. La mente humana tiene tantos vericuetos que siempre resulta interesante conocer otros puntos de vista. En forma clara, Nora expone cómo estas personas deambulan entre la realidad y la irrealidad. Para ellos, unas cosas son visibles y otras no. Debido a que entre ellos se entienden mejor, Nora incluye un “canal telepático” para comunicación interna. Define cuidadosamente a sus personajes y les da características particulares. Otro de sus aciertos es hacerlos sentir especiales, otorgándoles un círculo privado, el Club de los diagnosticados.

Tres amigos conversan entre ellos y con el público. A la primera persona que vean le preguntarán si es diagnosticado o no diagnosticado, para saber si pertenece al Club de los diagnosticados. El más alegre y dicharachero es Jocelyn Maclovio, un cubano jacarandoso que gusta de contar chistes, pero de un momento a otro se muestra celoso y posesivo. El galán es Marco, quien no pierde oportunidad para lanzarse a la conquista, a pesar de padecer el síndrome de personalidad múltiple. El retraído es Raúl, aun cuando también deja ver que es el más inteligente y reflexivo del grupo. En tanto los vemos tomar sus terapias, a modo de entretenimiento, pues consisten en juegos o pinturas, llega a visitarlos Alicia. En todas sus actividades sienten la presencia de médicos o enfermeros, a quienes ellos llaman “hombres de blanco”.

p1170793La escenografía es funcional, aunque no estética ni imaginativa. La iluminación es fallida, pero, tal vez esto obedece a los recursos con los que cuenta el foro en que se presentan, donde, por cierto, el olor a humedad es agobiante.

La dirección por parte de Viviana Armas no logra captar la esencia del texto creado por la dramaturga, o tal vez no lo supo traducir a lenguaje teatral. Desde mi personal punto de vista, banaliza en cierta forma el padecimiento de Jocelyn Maclovio, al imponer tanta felicidad y despreocupación al actor que lo interpreta. Esa desmesurada alegría queda fuera de lugar en este tipo de instituciones. No es que siempre estén deprimidos, pero, como sea, son personas afligidas. El desplazamiento de su elenco es irregular, no se mantiene un ritmo adecuado. Por otra parte, resulta paradójico que el “hombre de blanco” sea una mujer y vista totalmente de negro cuando no usa la bata blanca.

En cuanto al trabajo histriónico y corporal se tiene que individualizar, pues aunque pertenezcan al mismo Club, no conforman un equipo homogéneo. A Fernanda Delgado le tocó ser “el hombre de blanco”, quien solo está presente sin decir una palabra. En el montaje, este personaje lejos de aportar algo, confunde al espectador con sus extraños movimientos. A Joana Camacho le hace falta adentrarse más en Alicia o Luz María, se le ve más ausente que a los propios alienados. Hernán Valencia, en cambio, se hace demasiado presente como Jocelyn Maclovio. Gabriel Dean logra un buen desempeño y hace gala de su facilidad para emitir diferentes voces como Marco.  Andrés de León es quien trabajó más en la creación de su personaje y nos brinda una excelente actuación como Raúl.

Quienes quisieron saber si pertenecían o no al Club de los diagnosticados, acudieron a ver esta obra de Nora Coss. Además de entretenerse, tomaron conciencia de la existencia de estos seres y valoraron más el ser “no diagnosticado”.

Club de los diagnosticados cubrió su temporada durante el mes de noviembre de 2017 en el Foro Luces de bohemia, ubicado en Orizaba número 193, colonia Roma, Ciudad de México.