DESPUÉS DEL ENSAYO (BERGMAN, SU RELACIÓN CON EL TEATRO Y LOS ACTORES)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de la Compañía

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Ingmar Bregman, uno de los exponentes más destacados y relevantes del arte universal, en particular de la cinematografía, nos brinda su visión, más bien su relación con el teatro y los actores, un acercamiento a esta última expresión escénica, mediante Después del ensayo, bajo la dirección de Mario Espinosa.

Un director de teatro, Henrik, solo y su alma en el edificio teatral, como el título lo indica, al término de un ensayo y meditando sobre lo que vendrá en los siguientes días, es interrumpido de forma inesperada por una jovencita, Anna, quien pretende protagonizar la nueva puesta de El sueño, de August Strindberg. Una segunda mujer llega al lugar, Raquel, actriz veterana ya retirada. Hay un intercambio de ideas, conceptos y puntos de vista, de cada una de ellas, por separado, con el director, sobre el teatro. No es teatro en el teatro, al menos estrictamente hablando, más bien a partir de un sui géneris análisis de texto, entremezclando lo que el director pretende con el contenido y los personajes y lo que los actores visualizan y caracterizarían.

Interesante escuchar que un director organiza lo impensable, lo materializa, para que el público tenga la sensación de la espontaneidad; considerar al silencio del escenario como dar rienda suelta a un mundo fantasmal, espiritual si se quiere, realidad o sueño, producto de la magia del quehacer escénico, al menos desde mi lectura. Contar el sueño tal y como fue escrito a pesar de escenas en apariencia irrealizables. Se podrían escribir un sinnúmero de párrafos sobre el fondo de la obra, creo que con lo anterior se puede tener una idea generalizada del contenido, tratado a la vez con sencillez y profundidad por parte del autor.

El maestro Espinosa, en contubernio con su escenógrafa Gloria Carrasco, su iluminador Ángel Ascona y su diseñador de multimedia y sonorización, se inclina por un ritmo semilento, pausado, en lo personal me recordó el manejo del tiempo de la cinematografía europea, en ocasiones imitado por el mexicano, basta recordar que parte de la formación de nuestro director aconteció en Alemania. En forma atinada rompe la cuarta pared, le da un magnífico empleo sin discusión alguna al realismo y lujo de la escenografía y a cada nota proveniente del piano. Un gran elenco, en ocasiones es una ventaja, sin embargo, también puede ser una desventaja, Mario “convierte” a dos de los actores en un verdadero deleite, sin demeritar las cualidades propias de estos. Una obra nada fácil la hace accesible.

Un trío conformado por Julieta Egurrola, Juan Carlos Colombo y Sofía Espinosa. Los dos primeros sacan a flote, sin mayor problema y con una naturalidad impresionante, su experiencia, histrionismo, sobre todo, su talento convertido en arte. Por su parte, Sofía queda por debajo de los ya citados, tal vez por su juventud ante el reto de alternar con dos monstruos del teatro mexicano; por momentos no transmite mayor emocionalidad, plana, monorítmica de principio a fin, caracteriza a una rebelde pacífica, una provocadora pasiva, una chica moderna con comportamiento del pasado. Posee facultades, falta desarrollarlas, sé que voy a herir susceptibilidades pero son gages del oficio.

Empaparse en el enfoque de Bergman sobre el teatro y los actores, nada mejor que asistir a la sala Xavier Villaurrutia (Ciudad de México, atrás del Auditorio Nacional), hasta el 10 de septiembre, jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.