EL APEGO (¿ESCLAVIZANTE Y ENFERMIZO?)

Texto y foto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Apego                           Emiliano Dionisi, autor y director de El Apego, en comunicación directa desde Bueno AiresArgentina, con el público que asistió a la nueva temporada en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, de la UNAM.

El apego, relación que une y reúne a una o varias personas con otra(s), amor incondicional entre seres humanos, estar siempre junto a alguien… Sin embargo, también puede ser esclavizante y enfermizo, agotador y desesperante, desear la hora en que ese lazo se rompa. Estos últimos puntos de verlo y vivirlo son el planteamiento del joven dramaturgo argentino Emiliano Dionisi, en su texto intitulado El apego. Éste se representó, por primera vez, en el marco del Festival de Teatro Universitario, convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fundamentado en el intercambio de montajes entre universidades de Latinoamérica, en este caso con la de Buenos Aires.

Un hombre maduro cuida a su padre, de hecho, si vale la expresión, se convierte en el padre de su padre. Lo cuida con el apoyo de una sirvienta, lo procura, está al pendiente de que su alimentación sea sana, revisa tenga los víveres necesarios, tome sus medicamentos. Hasta aquí todo parecería amor filial, nada más alejado de la realidad de ambos, el hijo en su desesperación y desgaste emocional llega hasta el maltrato psicológico y físico. Es interesante que hay una hija-hermana desentendida por completo del viejo, curioso porque normalmente son las mujeres quienes se encargan -en forma voluntaria u obligada- del cuidado de sus ancianos, más cuando están enfermos. De hecho el autor se inspiró en las figuras de su padre, cuidador de su abuelo.

Existe un diálogo permanente con el padre, éste está pero no está (fallecido), mientras desmantela la casa de su progenitor. La desmantelación incluye su propia vida, remembranzas de la carga de velar por su ascendiente. Lo anterior es el fondo de un texto profundo, denso, de difícil comprensión, al menos en su inicio, y a la vez breve, la representación tiene una duración de 55 minutos, aproximadamente. Una característica relevante es que se puede decir se trata de un monólogo encarnado por tres actores. “Aparecen” varias mujeres, nunca en escena, sabemos de ellas por la mención de sus nombres y breves datos de su relación con los involucrados. Se aplica el dicho de que lo bueno cuando es breve doblemente bueno. Llama la atención que un autor tan joven se adentre por los vericuetos del apego esclavizante y enfermizo, tal vez la razón es haberlos vivido de cerca. Mientras se desmantela la casa hay una serie de reflexiones; el hijo empaca en cajas de cartón y más allá de objetos materiales en el fondo de éstas va guardando sus recuerdos, sus emociones, sus traumas, solo queda afuera su libertad. El logro más importante del dramaturgo es cautivar a los espectadores y conducirlos al razonamiento sobre un tema que puede pasar del escenario a la realidad.

Emiliano es su propio director. Conoce y comprende bien la esencia de su texto -no es tan común como parece- transmite el fondo a través de una forma atinada, cumple sin discusión con su propósito. Una escenografía realista, la sala de la casa (mesa, sillón, una escalera, una puerta, papeles, libros, basura…). Todo empacado, el cartón es el sepulcro, el olvido de lo que un día fue, ahora solo en el recuerdo, mañana en el olvido. Es tiempo de disfrutar la liberación.

Tres actores, un personaje, Miguel Pérez, Guillermo Revilla y Alejandro Piedras, -Alán Uribe es el director residente en México-, realizan un trabajo coordinado, tanto en los diálogos como en los movimientos corporales. Un trío convertido en una unidad escénica, alcanzan “un vacío que lastima”.

El apego estará en breve temporada en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón (Centro Cultural Universitario, UNAM, Ciudad de México), jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas, hasta el 30 de septiembre.