EL GIGANTE DE ALTZO (SER AFABLE SIN SER HIPÓCRITA)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía Cartel promocional

 

ALTZO

Un ser humano, afable sin ser hipócrita, es castigado por el destino con un padecimiento físico conocido como gigantismo. Basado en un hecho real, Koldo Izaguirre escribió el libreto EL GIGANTE DE ALTZO (2015), aun cuando la idea original y musicalización es de David Azurza y el diseño (dibujos) de los títeres del escultor-pintor Néstor Basterretxea. Esta propuesta es definida -programa de mano- como una “ópera con títeres para niños y jóvenes”. Desde mi particular punto de vista, estrictamente no es tal, más bien es un musical. Recordemos que una ópera es cantada de principio a fin, no sucede en este caso, hay muchos fragmentos dialogados, por ello disiento de la opinión de Emmanuel Márquez, director del montaje.

 

El propio Márquez expresa sobre el origen de esta historia real: “Mikel Joakin Eleizegi (1818-1861) fue un niño diferente que llegó a ser gigante, media dos metros y cuarenta centímetros, debido a una enfermedad llamada gigantismo. Al crecer tanto, fue llevado como atracción por las cortes de Europa y vivió grandes aventuras. Sin embargo, él sólo quería volver a su casa, con sus amigos, a sus montañas… ¡ser un árbol” No está por demás aclarar, Altzo es un lugar cerca de Tolsa, en la comunidad autónoma española llamada País Vasco (Euskadi). Una historia triste, un ser quien por su apariencia anatómica sufre vejaciones, explotación y exhibicionismo, en contra parte, disfruta de los halagos y preferencia de reyes y nobles. Miguel Joaquín -nombre de nuestro protagonista- no quiere palacios, sino una cabaña para ver el amanecer. Si bien está basada en una historia real, se convierte en un cuento apto para todo público; conmovedor, reflexivo, con un mensaje humanitario. Lo grave, está consciente este hombre de que la gente quiere verlo para burlarse de él.

 

Al ser llevado a escena, Márquez convierte el cuento en una obra de arte. Un ciclorama que al mismo tiempo se utiliza para dar paso al teatro de sombras. Minimalismo, no hay teatrino, puesta de gran formato, dos estructuras movibles que son… y no son. Títeres maravillosos de diferentes técnicas, excelentemente manipulados, se aprecian un sinnúmero cuando sólo son cinco los responsables de ellos. Un ensamble en vivo -flauta, violín, clarinete, acordeón y percusión-, bajo la dirección del maestro Raúl Zambrano. Un coro integrado por infantes -niños y niñas cantores de la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México- superando los 40 elementos. La musicalización es una delicia, no es incidental, es parte fundamental del montaje. Márquez se apoya en una iluminación creadora de una atmósfera idónea a cargo de Tenzing Ortega. El diseño de los títeres es de Néstor Basterretxca. Emmnuel es un talentoso creador, como director domina todos los géneros -me consta-, una vez más lo confirma; hombre sencillo, sus cualidades las demuestra en el escenario, lo único malo es que radica en Cuernavaca, ahí esta “congelando” su potencialidad teatral.

 

EL GIGANTE DE ALTZO se representa en el marco del encuentro artístico -teatro, ópera, danza y música-organizado por la UNAM, denominado IM-PULSO, con el propósito en enlazar las artes escénicas en un ejercicio de reflexión y libertad… buscando un diálogo creativo. Éste concluirá el 26 de agosto. Emmanuel y su equipo creativo se presentarán el sábado 19 y domingo 20, a las 12:30, en el teatro Juan Ruiz de Alarcón (UNAM-Ciudad de México).