ELEFANTES (POEMA DRAMÁTICO PARA INFANTES)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía cartel promocional

ElefantesCristián David creó un poema dramático para niños y adultos, envuelto en una serie de simbolismos, metáforas y elementos de la fábula. Sube a un globo aerostático a los pequeñines y a sus familiares, juntos, personajes y espectadores, emprenden un viaje fantástico, una travesía imaginaria, donde cada uno sueña con lo que acontece en el escenario. Un hombre en completa soledad recibe la visita de una muchacha quien se convertirá en su copiloto, ambos son parte de un mismo pasado y ahora de un mismo presente, esperanza en un futuro, el olvido y el abandono abrirán una posibilidad a la reconciliación. Un texto para infantes, claro, no de cualquier edad, complicada para los muy pequeños, requiere de un cierta semiótica, aunque sea inconsciente, para ser parte de la odisea teatral.

El propio autor y Fernando Reyes se encargaron del diseño de escenografía, si el texto es un sueño, éste cobra realidad, se materializa en la cesta del globo y toda una serie de objetos, también con valor simbólico. En verdad todo transcurre en la nave o todo se traslada a la mente de quienes participan de la aventura. Si bien el globo no se levanta un solo centímetro del suelo, se tiene la sensación de cruzar por los aires, ser conducido por las ráfagas del viento. Más allá de lo anterior, es una historia colmada de humanismo, nada tendría sentido sin los valores intrínsecos que dan esencia a la naturaleza de las personas. Desear el olvido de la propia identidad y, por otra parte, buscarla como una necesidad existencial. ¿Se debe respetar la soledad y por igual el deseo del afecto y, por tanto, de la compañía? Respuestas que solo el espectador encontrará en lo más profundo de su devenir afectivo.

Pero, ¿qué tienen que ver los elefantes dentro de toda esta anécdota? Parte del texto se centra en un fábula La leyenda de los elefantes, misma en la que no profundizaré, para no descubrir la historia y su trascendencia, lo cierto es que enriquece la reflexión, el viaje va más allá de una simple aventura, le da contenido a la forma de pensar y el por qué lo hacen los protagonistas: un hombre y una muchacha. Éstos son personificados por Miguel Flores y Lucía Pardo, ubicados en un breve espacio, con diálogos pausados, dentro de una nave que en apariencia no tiene cosas buenas que ofrecer, en este medio se desenvuelven los actores. Miguel es un consagrado del y al teatro, da gusto verlo en un montaje para niños, es más que sabido la cantidad que lo desprecian y minimizan. Con una de las voces más teatrales que se puedan encontrar, Miguel es el idóneo para enaltecer la filosofía de cada una de las palabras y la esencia profunda del contenido de Cristián. Por su parte, Lucía caracteriza ad hoc a la joven que anda en busca de algo más que una odisea en globo, se percata que se puede hacer un viaje sin dar un solo paso. Juntos hacen una pareja exquisita, un deleite para los que se permiten echar a volar su imaginación. Se debe reconocer que es una producción que enaltece al teatro nacional, sobre todo, demuestra que el público es digno de este tipo de montajes y no de esos bodrios que ofrece, con recurrencia el teatro comercial.

Por mi parte, lamento haber asistido a una de las últimas representaciones en el Teatro Sergio Magaña, sin embargo, queda un fin de semana, 4  y 5 de noviembre, a las 13:00 horas, para deleitarse con este poema dramático.