FAUSTO (UN CUENTO DEL DEMONIO)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía tomada del facebook

Jonhann Wolfgang Von Goethe (1749-1832) es uno de los más grandes y prodigiosos poetas y literatos de la cultura universal. Fausto es su máxima creación, cuyo personaje representa un símbolo por la consecución del conocimiento y el poder. El texto es, probablemente, el pilar del Romanticismo Alemán. Basado en un personaje real, con él se entremezclan la ficción y se creó una leyenda, en realidad una obra de arte.

Fausto

Fausto cansado de la vida rutinaria, pacta con Mefistófeles (Diablo) con el propósito de descifrar el universo a través de viajes, aventuras y satisfacer sus deseos existenciales, incluyendo los sexuales. Se dedicaba, antes del acuerdo, a la magia, una combinación entre un científico y un charlatán. Curiosamente ni niega ni rechaza a Dios, de hecho éste y su arrepentimiento a la postre serán su salvación. Sin embargo, hay un trato previo: Dios le pide a Mefistófeles ponga a prueba a Fausto y lo haga caer, de esto se desprenderá toda la historia. Por supuesto, Margarita, joven doncella, juega un papel fundamental en lo que será el transcurso del devenir del personaje.

Iván Olivares, junto con Emmanuel Márquez, crearon hace 17 años la obra Fausto un cuento del demonio, en la que como expresa el primero es “una visión divertida pero igual de mágica como los conjuros del viejo alemán. El Diablo y Fausto son uno mismo en esta propuesta en la que se enfrentan en una hazaña… (en), un capricho, una tentación, un sueño, un viaje -nostalgia- donde nuestra apuesta fue someternos a la seducción del Diablo y nos hizo caer”.

Un texto inmerso en el humor, por momentos alzadillo de tono -está dirigido a niños y jóvenes-, en unas pocas cuartillas se resume el contenido global; sin embargo, por momentos la hilaridad y la improvisación provocan se desvíen de la historia, sin dejar de reconocer el acierto de acercar al público en forma rápida -una hora- y amena a una de las grandes creaciones de la humanidad. Por fortuna se hace hincapié en los aspectos fundamentales: el conocimiento y el poder. En forma estricta no es una adaptación sino una versión libre.

La puesta en escena del propio Iván es por demás interesante y atractiva: un solo actor, los demás personajes cobran vida a través de títeres de diferentes técnicas. Lo sorprendente, son manipulados y hablan a través del actor. Monólogo sui géneris, rompimientos, un espectador es invitado al escenario, se vuelve parte del desarrollo, para mi fortuna el día que asistí me tocó en turno un joven más que cooperativo y asumió la hilaridad con naturalidad. El minimalismo predomina: unos baúles (recrean edificios), dos biombos (paisajes) y un telón de fondo (ciudad alemana). Eso sí, además de la sencilla escenografía, la musicalización es vital, la iluminación discreta pero efectiva. Una opción bien lograda, brinda una alternativa para los infantes y jóvenes. Fue lamentable que el actor preguntara cuántos habían leído Fausto y solo una persona alzó la mano.

Por otra parte, sorprendente y por lo mismo admirable el trabajo de Emmanuel Márquez, polifacético -dramaturgo, director y actor, además de productor- quien asume un reto del que no cualquiera puede salir adelante: caracterizar a Mefistófeles, a Margarita, a Dante… darles voz, manipular los títeres, mover la escenografía, dirigir al joven del público incorporado, contagiar el humor; todo se resume en mantener la atención e interés de los espectadores. Realmente Emmanuel digno de toda loa, un gran representante del quehacer teatral, fuera del escenario un hombre sencillo y afable.

Fausto, un cuento del demonio, se presenta en corta temporada hasta el 12 de septiembre. Funciones: lunes y martes a las 20:00 horas en el teatro El Granero (Ciudad de México).