HASTA LA CHINA FUERON A DAR MIS MECHAS CON EL VENTARRÓN (RECUENTO, DUDAS, SOSPECHAS, CONFESIONES)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la actriz Zaide Silva

Hasta la china...Amos Oz, es llevado a escena a través de un monólogo cargado de humor blanco -al menos en la traducción al español- bajo el larguísimo título Hasta la China fueron a dar mis mechas con el ventarrón. El dramaturgo israelita -además novelista y periodista- llega al escenario mexicano precedido de varios importantes galardones como el Premio Israel de Literatura (1988), Premio Goethe de Literatura (2005) y, tal vez lo más relevante, nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.

Ante tales antecedentes no estaría fuera de razón pensar en un acercamiento a su dramaturgia mediante un texto denso, complicado, inmerso en abstracciones filosóficas, metáforas, analogías. Todo lo contrario, un monólogo ágil, ameno, con varios momentos de hilaridad. Basado en el acontecer cotidiano de una mujer, Antonia, dejada o abandonada por su infiel esposo. En el fondo la protagonista nos lleva por un recuento de su intrascendente vida doméstica y sexual; la invaden las dudas, sospechas, confesiones, atrevimientos. La obsesiona por qué la abandono su cónyuge, si la amante de éste es más joven, si es delgada… todo lo que su imaginación y, sobre todo, su inseguridad puedan invadir su mente. Oz en realidad no profundiza en una disertación de carácter psicológico, es la vida de cualquier mujer en sus condiciones de ama de casa y objeto sexual. El susodicho le había propuesto lo acompañara a un viaje, ella se negó, se fue al salón de belleza a cortarse el cabello, en forma simultánea iniciaba su soledad. Claro, finge para sí misma que todo le importa poco, “de nada me sirve de quién se enamoró”. Si bien no tiene nada de malo vivir sola, Oz en forma sutil nos hace ver que ese estado se puede volver un tormento, no es fácil de asimilar. Una dramaturgia sencilla para tratar un tema complicado, el humor sirve de catarsis, por llamarlo así, el tratamiento hace digerible lo que podría indigestar a cualquier espectador.

Antonia se personifica en escena a través de Zaide Silvia Gutiérrez, actriz de primer nivel, con una capacidad actoral indiscutible; domina el monólogo, el personaje se desenvuelve en una dualidad: su mente sufre una pena, su cuerpo da la sensación de alegría, abandono por la libertad. Lo anterior Zaide lo concreta en forma digna de alabanza. Por cierto, comentario al margen, parece que nuestra actriz siente afinidad por el tema y el monólogo, recuerdo -si la memoria no me traiciona- que en 1994, bajo la dirección de Margarita Isabel, interpretó La mujer sola, de Darío Fo y Franka Rame, temática similar, no igual, en su esencia. En fin, da gusto verla y nos permita reconocerla y admirarla.

Otto Minera es el responsable de la dirección. Trazo idóneo, el movimiento corporal en varias ocasiones es coreográfico, las manos hablan, refuerzan las palabras. Jorge Kuri diseñó la escenografía, un espacio sugerente, la casa de Antonia, minimalista, poca utilería, todo queda bajo la responsabilidad de Zaira.

Hasta la China fueron a dar mis mechas con el ventarrón, por cierto, con tan largo título llama la atención que la puesta transcurra en escasos 60 minutos en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México), los miércoles a las 20:30 horas, hasta el 13 de diciembre.