HOMENAJE A ARTURO RÍOS: “CUANDO EL TEATRO ME ENCONTRÓ, ME ENCONTRÉ A MÍ MISMO”

Texto y fotos por Eugenia Galeano InclánP1130999

A lo largo de nuestra vida van sucediéndose encuentros con nuestros semejantes.  Desde que conocemos a alguien nos damos cuenta si hay empatía o antipatía. En ocasiones con el tiempo, esto se revierte y descubrimos cualidades en aquel que nos era antipático, o bien, defectos en quien nos simpatizaba, de tal modo que la primera impresión no siempre es determinante. Poco a poco vamos creando nuestra individual escala de afectos. Habrá muchos a los que estimamos, varios a los que queremos, unos cuantos a los que amamos y muy picos a los que admiramos sinceramente.  Quizás por esto, durante nuestra vida asistimos a numerosas reuniones con amigos o familiares, otras tantas para celebraciones o encuentros amorosos, pero, lo cierto, es que muy de vez en cuando asistimos a un homenaje y es que no cualquiera es merecedor de reconocimiento.

Debido a que el tiempo vuela, de esos pocos homenajes a los que asistimos, la mayoría son póstumos. Todo homenaje es loable y emotivo, pero los verdaderamente cálidos son los que se llevan a cabo con la presencia del homenajeado en plenitud de facultades. Esta es la única forma en que el evento sea disfrutado tanto por los asistentes como por el propio homenajeado.

Deberíamos hacer caso al poema que dio fama a la gran poeta sinaloense Ana María Rabatté, quien con En vida, hermano, en vida convoca a todos a expresar amor o admiración a las personas mientras viven. Créanme, los homenajes en vida son maravillosos e inolvidables.

Hace unos meses los directivos del Teatro El Milagro ofrecieron un homenaje al extraordinario actor Arturo Ríos. Para tal efecto, tanto el Consejo Directivo y Artístico de El Milagro, integrado por Daniel Giménez Cacho, Pablo Moya Rossi, David Olguín y Gabriel Pascal, como su equipo administrativo y técnico, se dieron a la tarea de planearlo, organizarlo y llevarlo a cabo con todo cuidado, sin dejar un solo cabo suelto.  Con la debida anticipación prepararon el material, redactaron y enviaron las invitaciones correspondientes. Una vez más quedó demostrado que El Milagro no es solo un foro sino que es uno de los más gratos y cálidos espacios dedicados al quehacer teatral que existen, gracias a la fuerza humana, creativa, administrativa y técnica que lo respalda.

P1140006En la fecha y hora indicadas fueron llegando uno a uno los convocados. La primera sorpresa que nos llevamos es que era el propio Arturo Ríos, quien, con la sencillez que lo caracteriza, nos iba recibiendo sonriente a la entrada del Teatro, con un apretón de manos, un abrazo o un beso en la mejilla.

El evento dio inicio con unas palabras de bienvenida por parte de David Olguín, tras lo cual se proyectó un video muy completo y bien realizado, a través del cual el propio Arturo Ríos narraba su trayectoria profesional, incluyendo su curioso inicio en el teatro.

Resulta que Arturo no tenía definida su vocación. De hecho, casi no conocía el teatro.  Si alguien le hubiera preguntado a qué se quería dedicar, hubiera respondido: “quiero ser astronauta o fisicomatemático, o ya, de perdida, piloto de un jet.” 

En los tiempos del movimiento estudiantil del 68 era difícil estudiar y había reprobado todas las materias, excepto Literatura. Intentó estudiar Contabilidad, pero no le atrajo, así que optó por conseguir un trabajo a temprana edad. Apenas tenía 17 años cuando entró a la CFE (Comisión Federal de Electricidad). Por su juventud e inexperiencia, se desempeñaba como auxiliar de oficina. Entre las múltiples fotocopias que sacaba día con día, en una ocasión le encargaron sacar fotocopias del libreto de una obra de teatro para los aficionados que formaban parte del Taller de Teatro de la CFE. Arturo comenzó a sentir cierta curiosidad y, al momento de entregar las copias, fue invitado a asistir al teatro para que viera de qué se trataba.

Cuenta Arturo que “el día que entré al teatro, tuve una epifanía. Sala a oscuras, vacía, luz de trabajo. La atmósfera, el silencio, la oscuridad me atraparon. Fue cojo un regreso al útero, lugar primigenio, donde no hace falta nada.” 

Sobra decir que tan pronto como pudo, se integró al Taller de Teatro de la CFE y continuó en éste por algún tiempo, pero, simultáneamente, comenzó a hacer sus pininos en pequeñas obras ajenas al Taller. Por ejemplo, trabajó con Enrique Alonso “Cachirulo”, lo cual le encantó, puesto que se sentía como parte de un cuento. Luego, poco a poco, llegaron papeles más relevantes.

Formó parte de la CNT (Compañía Nacional de Teatro), en ese entonces comandada por Ricardo Pascual y Luis Gimeno. Dado que había sido alumno de Luis Gimeno, fue llamado junto con otros discípulos veinteañeros, para hacer papeles pequeños.

También trabajó en el Bar Guau (ubicado en la esquina de Altavista e Insurgentes en CDMX), bajo la dirección de Julián Pastor. En 1985 entró al CET (Centro de Experimentación Teatral) dirigido por Luis de Tavira. Luego a un proyecto del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes) con Martín Acosta. Comenta Arturo que, desde luego, no tenía el protagónico sino que ocupaba un lugar estratégico.

Comenzó a hacer teatro con Teresa Rábago. Allí, con la obra El otro exilio, la APT (Agrupación de Periodistas Teatrales) le otorgó un premio como mejor actor. A principios de los 80 fue cuando se integró al Taller del Sótano con José Acosta, Teresa Rábago y Rodolfo Arias.

En el video que se proyectó durante el homenaje, algunas personalidades vertieron su opinión con respecto a Arturo Ríos. He aquí parte de lo que dijeron:

P1140031Damián Alcázar: “Arturo es un actor de teatro de bajo presupuesto, de medio presupuesto y de alto presupuesto.”

Alberto Lomnitz: “La marca del buen actor se nota en el ensayo al ver cómo fija con precisión.”

Ana Graham: “Para mí, Arturo es el mejor actor de teatro.” Comentó que para Devastados, ella quería un actor capaz de hacer cualquier cosa. Arturo le dijo que le había gustado, pero lo consideraba demasiado violento, así que declinó la propuesta.  Ana perseveró en su intento hasta que logró integrar a Arturo en su elenco.

Laura Almela: “Arturo es un actor en toda la extensión de la palabra”, y agregó: “Ve esta grabación cuando estés viejito, en tu reposet.”

David Olguín: “Arturo, te mereces todo, gracias por tenerte en El Milagro.”

Antonio Castro: “Es un homenaje más que merecido.”

Joaquín Cosío: “Generoso obsequio de tu talento.”

Martín Acosta: “Eres el actor más valioso que he tenido.”

Juan Villoro: “Frases mías son mejores gracias a las entonaciones que Arturo les da (El Filósofo declara)”…”Encontrar a alguien que encarna el teatro”…”lo mejor del teatro que yo he escrito es porque lo representa Arturo Ríos.”

Con palabras en igual tono de aprecio y admiración, también participaron en el video David Hevia,  Emma Dib, Ignacio Ortíz,  Diego Jáuregui, Rubén Cristiani, entre otros.

Aparte de la vida laboral de Arturo Ríos se revelaron algunos aspectos de su vida privada y nos obsequiaron algunas anécdotas. Con la ingenuidad de los niños, en una ocasión su hermana mientras pelaba unos mangos tuvo una ocurrencia al ver un gusano y le dijo a Arturo: “Si no te lo comes, no quieres a mis papás”. Arturo no tuvo más remedio que comérselo para demostrar que amaba a sus padres. Comentó que su infancia fue feliz y que vivió rodeado del amor de sus padres y sus hermanos, a quienes, por cierto, causó tremendo asombro cuando les comunicó que se dedicaría a la actuación.

En su hogar, su mujer e hijo ya están acostumbrados a la profunda entrega de Arturo a su trabajo. Si tiene que aprender sus líneas en poco tiempo, es capaz de decirles  “Hagan sus planes, váyanse un mes de vacaciones porque en un mes tengo que tener listo el texto.”

Mención especial merece Ángela Pastor, quien tuvo a su cargo la realización del extraordinario video que resultó tan interesante y ameno para todos los asistentes.   Ángela investigó a fondo la trayectoria de Arturo, a fin de ilustrar con imágenes, carteles o programas de mano determinados momentos. Coordinó citas e hizo las entrevistas plasmadas. Finalmente, editó lo que había recopilado. Fue tan eficaz en su labor de que todos le dijeran algo, que logró captar hasta un sonoro ladrido ante el micrófono por parte del perro de casa de Arturo.

Al finalizar la proyección, se llevó a cabo la ceremonia para rendir el homenaje. El panel estuvo integrado por: Gabriel Pascal, David Olguín, Luz Emilia Aguilar Zinzer y  Enrique Singer.

El primero en hablar fue Gabriel Pascal. Luego algunos por parte de David Olguín, quien mencionó: “Desde Pedro Infante hasta Ingmar Bergman, Arturo ha recorrido todos los matices”…”tiene un gusto particular por lo intenso”… “Arturo nos recuerda la grandeza del teatro”…”tiene una pizca de neurosis que lo hace exigente consigo mismo y con los demás”…”ha sabido hacer del teatro un templo”…”su entrega es sublime.”

Luz Emilia Aguilar Zínzer, reconocida crítica teatral, preparó un largo discurso que llevaba en su tableta tecnológica, donde hizo numerosas referencias a literatura relacionada con el teatro y, en particular, con la actuación. Aseveró: “Arturo Ríos tiene ética. Encarna la defensa de la fe como parte de la duda y la incertidumbre. Tiene gran apertura a la complejidad de las expresiones humanas. Si uno quisiera escribir la historia del teatro, tendría que seguir la trayectoria de Arturo Ríos.”

Por su parte, Enrique Singer, Director de la Compañía Nacional de Teatro, no llevó documento alguno y prefirió hablar desde el corazón. Comenzó diciendo: “Trabajamos juntos en el Bar Guau y no éramos los mejores”. “Después trabajamos juntos en el CET e hicimos un pacto de amistad… realmente nos hicimos cómplices pero no solo en el teatro”. “La ética es algo que no se aprende, la ética es amor. Arturo Ríos me ha hecho reflexionar sobre la amistad, realmente me siento parte de su familia. Jugaba póker con sus papás (y les ganaba)”.

“Recordando a Platón en Diálogo sobre la amistad… solo sabe que la amistad es interesada. Me quedé pensando ¿Arturo qué me puede dar? Arturo me ha enseñado que la amistad es algo que va mucho más allá.”

Después de tan emotivas palabras, se procedió a develar una placa conmemorativa  (que ahora se encuentra colocada en la pared junto a las escaleras del Teatro El Milagro, por si desean verla).

Estaba previsto que develaran la placa Leticia Ríos y Mauricio Ríos -hermanos de Arturo- y  la gran actriz Laura Almela. Sin embargo, Laura, por cuestiones de trabajo, no pudo llegar y delegó el honor en Emiliano Ríos, hijo de Arturo.

Se leyeron unas líneas que Laura Almela dejó por si no lograba llegar, en las cuales felicitaba a Arturo con cariño. Leticia Ríos comentó “dentro de mi sencillez, sé lo grande que es Arturo”.

Para cerrar el acto, Arturo visiblemente conmovido y agradecido dirigió unas palabras a los asistentes. Entre otras cosas, dijo: “El arte es el presente y no se vuelve a repetir. El teatro es lo que más se asemeja a la vida misma. A veces es difícil porque le duele a uno el estómago o porque se peleó con la pareja. Mi vida cambió a partir del teatro. Cuando el teatro me encontró, me encontré a mí mismo. He podido explorar mis propios miedos, mis propias angustias… en el teatro viene uno a drenarse.”

“Agradezco a los organizadores, a los asistentes, a mi compañera Mónica Torres, a mi hijo Emiliano, a mis hermanos aquí presentes -Leticia y Mauricio-. Mis padres y mi hermana Alicia están en mi corazón.”

Sin lugar a dudas, Arturo Ríos es un actor prodigioso y polifacético que ha dado vida a cientos de personajes. Un hombre que descubrió su vocación por azares del destino, pero ésta le llegó con la fuerza de un huracán. Arturo Ríos vive y siente el teatro. Tras escuchar a tantas celebridades hablar con respeto, cariño y admiración de Arturo Ríos, cuán orgulloso debe sentirse Emiliano Ríos de su padre. Muy loable por parte de Teatro El Milagro ofrecer este homenaje tan oportuno, cálido y especial que jamás olvidaremos.

Con bocadillos y mojitos, cortesía del Bar Milán, comenzó un grato convivio entre homenajeado e invitados.