LA CALAVERA DE CRISTAL (VIAJE MÍTICO DESDE UN MUSEO)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico teatral

 Cartel publicitario de La calavera de cristal

 

la calavera de cristal-ligero

Los museos, como los teatros o las iglesias, por citar sólo algunos, son espacios siempre rodeados de leyendas, de fantasmas, de historias inspiradoras de curiosidad o de temor. Producción Escénica y Lab Teatro llevan a escena La calavera de cristal, adaptación de la novela gráfica del escritor Juan Villoro, publicada en 2011 e ilustrada por Bef, quien en esta ocasión es el diseñador del cartel publicitario del montaje. Los responsables de la versión escénica son Helena Tinoco y Mario Rendón. En principio es acertada e invita a adentrarse en ese mundo donde el mito y la realidad coinciden en un punto de encuentro, sin descontar que, sobre todo, en el inicio cae de lleno en lo narrativo, donde fantasía e historia se confabulan, ya sea para meditar sobre el tema, sea en forma exclusiva para divertirse.

La adaptación está pensada, en primera instancia, para infantes, sin embargo, hay partes que no considero sean asimilables y son poco atractivas para niños de pequeña edad. Esto último porque hay varias escenas demasiado didácticas y otras que requieren de una explicación sencilla, como es el caso de una disertación breve, si se quiere, de la diferencia entre una leyenda y la historia. La trama se lleva a cabo en el interior de una sala del Museo Nacional de Antropología, ahí coinciden una vendedora de souvenires (recuerdos) y un guía del recinto. Las circunstancias los conducirán a través de un viaje a la ciudad maya de Yaxchilán, en busca de la mítica y misteriosa Calavera de cristal. Hay un personaje, invisible en el escenario, presente en el desarrollo, Julo Rodríguez Plata, piloto aviador, por cierto, pereció en un accidente aéreo, quien es esencial para fundamentar y entender el planteamiento histórico del maestro Villoro.

Enrique Aguilar, en su calidad de director, propone un sinnúmero de elementos: teatro de sombras, títeres de diferentes técnicas, escenografía mínima, más sugerente que recreativa, multimedia y música en vivo, teclados y percusiones, apoyado en una iluminación sencilla, resaltando los apagones y encendidos; vestuario cotidiano, inclusive, medio fársico. Los actores caracterizan varios personajes y, en forma lamentable, se recurre al clásico empleo de algún adorno corporal para el cambio de protagonistas. La propuesta es de altibajos, digamos que la primera parte, en una división arbitraria, se desarrolla toda en el proscenio y dirigiéndose directamente al público, por fortuna en la otra mitad hay más acción y el desplazamiento escénico como el ritmo son más teatrales.

Las actuaciones están a cargo de Helena Tinoco, Mario Rendón y Alejandro Piedras. Mucha entrega, sin embargo, en muchos momentos gritan sin razón de ser y, al menos en la función de prensa, demostraron capacidades para improvisar. Deben ser más alegres porque deben tomar en consideración que eso es lo que captura la atención de los pequeños.

Producciones Escénicas y Lab Teatro invitan todos los sábados hasta el 16 de diciembre al Teatro La Capilla, Coyoacán, Ciudad de México, a las 12:30 horas.