LA CANTANTE CALVA (LO DESHILVANADO EL HILO CONDUCTOR)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la actriz Gabriela Murray

Eugéne Ionesco, uno de los máximos exponentes del teatro del absurdo, es llevado a escena con su obra La cantante calva, en la que desnuda y pone en evidencia la hipocresía y decadencia de la sociedad inglesa de la posguerra. El teatro del absurdo es uno de los más difíciles y complicados de lograr: lo ilógico debe ser lógico, lo superficial profundo, la palabra en apariencia sin sentido debe tener contenido y, por absurdo que parezca y si se me permite la expresión, lo que en apariencia es un conjunto deshilvanado a la postre es el hilo conductor.

la cantante clava2                                                  Gabriela Murray como la Sra. Smith en La cantante calva

El dramaturgo hace mediante un juego inteligente y audaz un análisis, un juicio crudo de las relaciones, costumbres y convenciones. El teatro del absurdo en general, este texto en particular, deja al descubierto el problema de la comunicación entre los seres humanos, problemática de actualidad, la tecnología -celulares, tabletas y computadoras- cada vez nos convierten en personas solitarias y con problemas para interrelacionarnos cara a cara. En concreto, por antonomasia este género gira en torno a la imposibilidad de la comunicación.

Ionesco juega con el respetable, lo lleva por un laberinto de confusiones: lo mismo de tiempo como de lugares y personajes; éstos últimos dan la sensación de despistados, de orates, cada uno con su onda. Una introspección social a través de dos matrimonios a los cuales se les puede aplicar la frase: “contigo pero solo(a)”; además una sirvienta y un bombero, éste sin sentido su aparición dramatúrgica y escénica, otra vez solo en apariencia. Sin darle más vueltas, estamos frente a una obra maestra con carácter de universal. Mientras tanto, La cantante calva peinándose.

El montaje bajo la dirección de Jesús Díaz, quien opta por un ritmo semilento, pausado, prolongados silencios; las pausas y silencios refuerzan lo absurdo. Un dibujo escenográfico y una iluminación que no se entromete en el enredo, así es el diseño de Bobby Watson. Complementa la atmósfera la música original de Hazael Rivera. Un objeto se convierte en otro protagonista: un reloj. Su carátula sede el paso, aparece un magnífico títere frente a un piano, excelentemente manipulado, musicaliza y da las campanadas de la hora. El teatro de sombras, en una breve aparición, cierra el círculo mágico. El director se vale de lo antes citado, sin embargo, su propuesta se centra en el trabajo actoral.

Gabriela Murray -Gaby como se le conoce en el medio- cautivadora como la señora Smith, esto no sorprende, pues posee cualidades histriónicas más que conocidas y reconocidas, inclusive, más allá de nuestras fronteras; capaz de provocar un caos mediante una pasmosa calma; para un ojo avizor es la médula de la puesta; no requiere adulación, su presencia y esencia hablan por ella. Arturo Reyes, el señor Smith, desfachatez y elegancia, distraído y concentrado, claro, el personaje, se desenvuelve en el género con soltura, hace la mancuerna ideal con Gaby. Complementan el reparto: Alicia Zárate, Judith Cruzado, Gilberto Dávalos y Omar Ramírez.

La cantante calva se representa en una nueva “temporada” (las comillas tienen su razón de ser porque solo serán tres fines de semana) en la sala Xavier Villaurrutia, Ciudad de México, hasta el 26 de noviembre, jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas. La compañía Teatro del Exilio requiere del apoyo del público con su asistencia porque la producción no está apoyada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, están trabajando a porcentaje de taquilla.