LA CULPA LA TIENE CYRANO (EL AMOR, ENFERMEDAD INCURABLE)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografías tomadas del facebook

Comulgo con la idea de que el amor es el sentimiento más sublime del ser humano. Sin embargo, a través de la literatura universal hemos leído cómo en casos extremos puede llevarnos al suicidio (Romeo y Julieta), al asesinato del ser amado (Otelo) o idealizar a alguien (El Quijote). Árneth Cohen lo plantea como una enfermedad incurable, así queda consignado en su texto La culpa la tiene Cyrano, asumiendo él mismo la dirección.

CyranoUn actor interpreta a Cyrano (de Bergerac), quien se une a un grupo terapéutico, de esos conocidos como de autoayuda, al frente de éste se encuentra una monja, la madre Valeria, quien enfrentará los síntomas de los enfermos. Cité al inicio la literatura universal porque el dramaturgo pone en el escenario, en el grupo, a personajes tales como Cyrano -obvio- , Romeo, Otelo, Edipo, Roxana, el Lobo feroz… con otros nombres, pero plenamente identificables. Se trata de una farsa, sin embargo, el supuesto tema central, el fondo, se diluye ante “chistes” fuera de lugar, el conocido juego de las sillas como “terapia”, infinidad de palabras soeces sin ton ni son, sin razón de ser, para rematar Árneth pierde el género y al menos en dos ocasiones cae de lleno en el melodrama, por cierto, lo maneja en forma acertada, probablemente lo mejor del montaje desde la dramaturgia. La idea es buena, aun cuando se les pudo sacar más provecho a los citados personajes al reunirlos, sobre todo, si cada uno es un cúmulo de experiencias, agrupados debería haber una riqueza teatral increíble, por definir de alguna forma.

Al asumir la dirección de su propio texto, su escenografía se reduce a ocho sillas, un excelente vestuario -visualmente la puesta es muy atractiva- y un elenco -integrantes de Orchestra Artes Escénicas- disímbolo, heterogéneo, con altas y bajas, uno sobresaliente Gibrán J. Cohen (Cyrano), otros para el olvido como Alicia Reyes (Bísquet), Mariela Romo (Madre Vale) y para llorar quien interpreta a varias mujeres relacionadas con los personajes, omito el crédito porque hay dos alternantes y no sé a cuál vi, pude preguntar pero ni al caso venía. El resto mucho esfuerzo, entrega indiscutible, buenas intenciones, lástima que todo lo anterior no conlleva a convertir a las personas en actores y actrices.

Cyrano1Reiterando, tanto desde el texto como desde el montaje, el supuesto tema central se diluye, se desvirtúan las personalidades, cualidades y caracteres de los famosos personajes, más que un grupo de autoayuda para enfermos de amor, parecen un conjunto de orates. Lo más grave, de principio a fin, todos gritan, en serio parece que actúan para gente con problemas de audición, la monja se vuelve insoportable, dan ganas de cortarle la lengua, quien por cierto se vuelve en la confesora de todos. Hago hincapié en el gritadero escandaloso porque la puesta se lleva a cabo en un espacio reducido, tal vez no mayor de 16 metros cuadrados, casi a centímetros de las butacas. Digno de reconocer al elenco es corresponder al esfuerzo físico al que son sometidos por la dirección. Cabe citar que esta propuesta fue seleccionada como la Mejor Puesta en Escena en el Noveno Rally de Teatro Independiente, organizado por Wilfrido Momox, galardón bien adjudicado si tomamos en cuenta que visualmente es muy atractivo.

Lástima que la sinceridad, la opinión personal de mi parte tenga que aflorar, fui invitado con entusiasmo, por llamarlo así, espero y confío en su comprensión y carácter para asimilar lo antes escrito, no me justifico, me explico.

La culpa la tiene Cyrano cumple temporada en el FOCO (Ciudad de México), los sábados a las 18:00 horas, hasta el 28 de octubre.