LA NENA (NUEVA TEMPORADA EN EL CÍRCULO TEATRAL). DESAMOR ENTRE UNA MADRE Y UNA HIJA

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de Daniel Austria

 

La nena

Asistir a una representación teatral es uno de mis grandes gozos; éste se incrementa cuando puedo acudir por segunda ocasión, obvio, porque me encantó la propuesta en todos los aspectos que la integran, más cuando voy como un simple espectador, esto es, olvidarme de la libreta de anotaciones, estar al pendiente de todos los aspectos con la minucia de un cirujano periodístico, reitero, simplemente en calidad de uno más de los espectadores. Es una gran experiencia, disfruto el teatro como un niño con juguete nuevo, La nena, de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), fue un deleite basado en lo antes expresado. Comparto nuevamente con mis lectores la nota que en su momento escribí en el mes de julio, ojalá los motive a ir al Círculo Teatral.

El citado autor domina y aborda prácticamente todos los géneros, sin embargo, destaca su manejo del humor, fino pero negro, lo que produce en el espectador la ambivalencia risa-sufrimiento. En La nena, un encuentro de desamor -casi llegando al odio- entre una madre y su hija. La primera, aparentemente, padece de cáncer terminal en el hígado, a ciencia cierta no queda claro por qué la noticia se la comunica su sirvienta, además el diagnóstico procede de un doctor quien perdió su licencia décadas atrás. Un encuentro físico, un desencuentro sentimental; reproches, injurias sin piedad alguna; el alcoholismo de la madre frente a la indiferencia de la hija; frustraciones, remembranzas de hechos traumáticos. En fin, una relación, como se dice en forma coloquial, de perros y gatos.

La dirección está a cargo del joven Ómar Olvera, pulcra, acertada, un gran trazo y aprovechamiento del espacio. Compenetrado con los personajes, con su psicología; a pesar de la trama nunca los lleva a exabruptos, la clama envuelve el caos emocional. Se inclina por una escenografía realista -Pedro Pazarán-, sin embargo, todo el escenario está invadido por naranjas, ahí se altera el realismo, el simbolismo de los cítricos queda a la deriva -al menos para mí-, desde mi particular punto de vista podría prescindir de ellos, nada se modificaría y la estética se sobre pondría. Un vestuario sencillo: la madre, un camisón; la hija, ropa casual; una iluminación casi fija, no por falta de creatividad sino por las limitaciones del espacio.

Las actuaciones corren a cargo de Evangelina Martínez (la madre) y Laura Castro (la hija). Evangelina, sencillamente impresionante; la actriz le da su tiempo a esa mujer mordaz, al personaje la maldad le brota por toda la piel, su histrionismo y experiencia hacen de su participación un deleite actoral; se compenetra con el género, proyecta la amargura y, sobre todo, la soledad -más emocional que física-, logra proyectar lo anterior con una mezcla de arrepentimiento e intento de reivindicación, lo cual enriquece al personaje, solo una histrión alcanza esos niveles.

Por su parte, Laura Castro alterna con Evangelina, acorde con los requerimientos del texto, no se amedentra frente a la primera actriz, en forma natural asume la indiferencia ante su madre en forma creíble. Es grato encontrar juventud y madurez, es de esperarse que los productores le den más oportunidades.

La nena se representa en el Círculo Teatral, Veracruz 107, Col. Condesa, Ciudad de México, los lunes a las 20:30 horas, hasta el 16 de octubre.