LA PURA IDEA EXCITA (HISTORIA(S) O SOLO UN JUEGO)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto: Cartel promocional

La pura idea excita

 

Se da acceso al público, éste se encuentra con dos muchachos -varón y mujer- completamente desnudos. En forma inmediata, intuitiva, imaginé la desnudez no solo sería corporal sino algo más profundo, quitar el ropaje para penetrar en el alma, en el subconsciente, adentrarse en las mentes de dos seres cuyas fantasías quedarán al descubierto.

La pura idea excita, escrita por David Gaitán, es una obra que va más allá de contar una(s) historia(s), es un juego diabólico y demencial, un simulacro inmerso en lo onírico. Algo de sexo, pasión, sadomasoquismo, roces con el humor, una lucha donde gana… eso sí, una carga moralista, por tanto, una lucha entre el deber ser y el ser. Altas y bajas en las formas de pensar y actuar, por momentos ambivalentes y contradictorios consigo mismos, en concreto, muy cercano a un comportamiento bestial.

El texto no es fácil de digerir, de hecho en su inicio, al menos desde mi perspectiva, da la idea de un teatro del absurdo, palabras -contener, reprimir, mantener, desear- y frases deshilvanadas se expresan a manera de prólogo; éstas cobrarán sentido durante el desarrollo. Cabe enfatizar que no hay un planteamiento lineal, menos un final predecible.

Enrique Aguilar, en su calidad de director, propone -no hay de otra- su montaje en un espacio reducido, unos cuantos metros cuadrados. En principio el escenario podría ser considerado tipo pasarela, sin embargo, por la distribución del público es un foro isabelino en miniatura. Puesta en escena intimista apoyada con música en vivo: percusiones, saxofón y un director, éste último compositor de la musicalización original. Escenografía minimalista, tan solo una mesa, misma que en la mente del espectador está en diferentes lugares. Enrique presenta un montaje más que provocador, temerario, digno del teatro propositivo contemporáneo; muestra talento y gran sentido de la estética del cuerpo humano, nunca cae en la vulgaridad ni en escenas exabruptas, a pesar de la violencia emocional. Por contradictorio que parezca hay durante todo el transcurso mucho movimiento corporal, por momentos de trata, en forma literal de una coreografía; es curioso, en contraparte hay escasez de expresión facial. De todo lo anterior se desprende que los actores estén ocupados y preocupados más por lo externo que por lo intrínseco.

Obvio, el programa de mano contiene una sinopsis, sin embargo, como es de suponerse y lo dicho con anterioridad, no hay una historia que resumir, es una forma breve de ubicar sobre una parte de la naturaleza humana, Enrique la hace propia. La dirección es lo mejor del montaje.

David Daniel y Tamara Niño de Rivera protagonizan y, como ya mencioné, más ocupados y preocupados por el movimiento corporal, caen en lo monorítmico y quedan por debajo del texto y la dirección, sin embargo, hay que reconocerles su esfuerzo y entrega, dos palabras que pueden decir mucho o nada.

La cita para apreciar ese espejo donde podemos vernos a través de La pura idea excita, es en la Sala Novo (Coyoacán, Ciudad de México), los viernes, hasta el 25 de agosto, a las 20:00 horas.