LAS 99 MONEDAS (QUERER MÁS, SER MENOS)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto cartel promocional

 

99 monedas

Hoy día la moral se ha convertido en un estorbo para muchos seres humanos, el mercado de consumo y la globalización nos han conducido a una fatalidad: querer más es ser menos. Esto se traduce en obtener muchos bienes materiales, por supuesto, dinero, y alejarse de los valores hasta perder la dignidad. En torno a lo anterior, no en forma exclusiva, gira la temática de Las 99 monedas, un cuento o una fábula, lo que se quiera, producto de la dramaturgia de Noé Lynn Almada y dirección de José Acosta.

Un rey se encuentra afectado emocionalmente porque su paje es feliz, lo interroga, lo presiona, lo acosa para que le confiese cuál es el secreto para disfrutar de ese estado. Como respuesta escucha: “No tengo razones para estar triste”. Si bien no lleva una existencia paupérrima, él y su esposa tienen limitaciones, pero son felices. El rey les proporciona todo lo que les rodea, por ello no concibe que alguien pueda vivir de prestado. Llama al sabio del reino, éste le dice que el paje está satisfecho porque está fuera del “círculo” -no profundizo más sobre el significado del mismo, por razones obvias-, solo haciéndolo entrar en forma voluntaria cambiará su estado de ánimo. El Rey y el sabio trazan un plan, aparecen 99 monedas que conllevan a…

Noé nos introduce a la más pura dimensión onírica. Parte de una niña, ésta abre un libro, su contenido, un cuento, el cual se materializará en el escenario. De una forma sencilla e inteligente se adentra en un halo oscilante entre el misterio y lo mágico. Su texto es una odisea maravillosa, una fantasía dramática, es gozar de una fábula o cuento aleccionador, en el fondo enmarcado en la moral, de forma sutil, subliminal, lo bueno del ser humano predominará sobre la tentación, la avaricia, la ambición, el perdón reivindica a la humanidad, en este caso representada por el paje. Estamos ante una loa dramatúrgica, ante un ensueño de la creación teatral, una forma de soñar despierto, echar a volar la mente y cuerpo del espectador. Apartado de la retórica o de lo moralino, Noé escribió un texto de esperanza, concientizador, nunca demagógico, un deleite de historia, queda gravada para siempre en cada uno de los espectadores.

El blanco y negro -papel y palabras- son llevados a escena en forma magistral por José Acosta. Nada de parafernalia, el minimalismo adquiere sentido teatral. Literalmente no hay nada, bueno el libro(te) donde está inscrito el cuento y una casita de papel. Su dirección transmina la piel, corroe los huesos, trastoca el alma, en verdad da vida a lo onírico. La fantasía deja de ser irreal, estamos frente a ella, la vemos, la escuchamos, casi se puede tocar. Es una dirección de actores digna de toda alabanza. Iluminación basada en la penumbra, ambienta el universo del sueño, haces de luz emanadas de la simple creatividad de Patricia Gutiérrez; no menos acertado el diseño de vestuario de Teresa Alvarado.

María Teresa Garagarza (El Rey y Esposa) excelsa, un trabajo indescriptible con palabras, se posesiona de los personajes, hace suyo el escenario; en principio, una actriz, se da la metamorfosis, su cuerpo, su cara -en particular sus ojos- son emociones, incertidumbres, congojas, una alegoría total de la esencia del ser humano. Junto a ella, Rodolfo Árias (el Paje y el Sabio), un actor poseedor de un histrionismo indiscutible, tiene carácter en el sentido de darle fuerza a la debilidad, lo mismo saca a flote la locura e instantes antes o después ternura, un gozo en el escenario. El rol de La Niña a cargo de Adamaris Madrid.

Las 99 monedas, uno de los mejores montajes que he disfrutado en mi devenir teatral, se representa en el Teatro Santa Catarina (Ciudad de México), hasta el 22 de octubre, jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.