LAS TOUZA (PIEZA DE TEATRO DOCUMENTAL)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la producción

 

Touza

En todas las guerras hay gente que sufre las consecuencias de las mismas, muchas tiene como objetivo salvar la vida, huir de la persecución, encontrar un lugar donde sobrevivir. Por fortuna, siempre hay personas dispuestas a albergarlas, alimentarlas y ayudarles a partir a mejor destino. Alfonso Cárcamo se adentra en el tema mediante una pieza de teatro documental, Las Touza. Ahora bien, a dónde nos remite el título: a tres hermanas con ese apellido quienes durante la Segunda Guerra Mundial y concluida la guerra civil española se abocaron a salvar la vida de unos 500 seres humanos. El hecho es real, las Touza existieron, hasta cierto punto se volvieron una leyenda en su comunidad como en las mentes y corazones de sus protegidos. Judíos y republicanos quedaron bajo su protección y auxilio, superar la desgracia de la que fueron víctimas. Sólo su sentido humanitario, sin más intereses, las llevaron a múltiples actos de solidaridad.

En México, el teatro documental no es frecuente, por ello llamó mi atención este texto y su concretización en el escenario. Empecemos por lo primero: el autor hace una mezcla -a la postre un híbrido- entre lo narrativo (descriptivo) y los diálogos. Las actrices se dirigen al público para ubicarlo en el contexto, la personalidad de las protagonistas, el lugar donde se llevaron a cabo los hechos, la lectura de una serie de documentos (cartas, declaratorias). Ahora vayamos a los diálogos: solo se pueden calificar de insulsos, intrascendentes, en el más estricto sentido de los términos. Ante un tema como el que se pretende documentar llama la atención que no exista un solo clímax. Lo único que en general se aporta es saber de la existencia de las Touza, por lo demás no hay nada digno de comentar.

Si lo anterior es deprimente más lo es la dirección de Soto. Las tres integrantes del elenco narran y dialogan en una singular forma pausada, a cámara lenta, con apatía (no voluntaria), bajo volumen, parece que el propósito es no encontrarse con ellas, sin claridad, no hay emoción, su causa parece ser algo tan rutinario como cocinar o planchar. Los documentos, su contenido, se pronuncian como si se leyera el periódico en voz alta. La directora arropa todo en una escenografía realista, atractiva visualmente, sin embargo, podría no haber nada y el resultado sería el mismo. Intenta una especie de naturalismo (elaboración y degustación de alimentos y vino), en eso queda, un mal logrado intento. Además hace que entren en el escenario tres integrantes del público, para qué, para nada, no tiene ningún sentido más que el público crea que son tres de sus protegidos.

Abril Pinedo (alterna con Isabel Bazán), Adrián Focke y Alejandra Marín, sin caer -por mi parte- en una garrafal contradicción, se les debe reconocer su trabajo, a nadie se le puede criticar en forma negativa cuando solo siguen las carencias de imaginación del dramaturgo y la directora. Al trío, esperamos, les llegarán mejores opciones.

Las Touza está en temporada en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México), los viernes a las 20:30 horas, hasta el 24 de noviembre.