MONALISA (ACUMULAR POR NECESIDAD EXISTENCIAL)

Texto y foto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

MonalisaAcumular objetos, de la índole que sea, puede ser bien visto, es el caso de los coleccionistas, sin embargo, puede ser negativo cuando se hace por necesidad existencial, entendida ésta como una obsesión, obvio, estamos frente a un síntoma patológico y patético, más bien irracional. El sonorense Roberto Corella, autor de la dramaturgia intitulada Monalisa, nos presenta a una mujer, Ella, recogiendo todo lo que encuentra en su andar, lo embodega en su casa, la convierte en un mal oliente basurero, retacada al grado de impedirle ingresar y verse en la necesidad de pernoctar en el patio.

Lo anterior no tendría mayor relevancia, la anécdota es por sí misma intrascendente, sin embargo, todo cambia cuando se asume un sentido de metáfora y, en forma simultánea, de analogía. Ella, una muerta hablando desde el más allá o una viva muriendo en forma paulatina. Una antigua maestra, hace pequeñas remembranzas de su hermana, de su madre, de su amiga, del significado de un arcoiris. Los recuerdos la atormentan, en su psicosis continúa acumulando todo tipo de cosas, es la forma de evadirse. Ella es, era, rara, enigmática… pero siempre sonreía, pasaba días en vela, cinéfila, le agradaban las películas profundas, esas donde la gente se busca a sí misma y no se encuentra. Ella decidió su destino, lo llevará a cabo después de un profundo análisis de su vida.

Ella no está sola en el mundo sombrío, hay un Él, un taxista que la lleva al cine, a un hotel, a… y de retorno… La pone al descubierto frente a los espectadores, les narra al detalle, entre otras cosas, su pensar, la carga emocional por unos niños fallecidos en una guardería, entre otros temas. A Él lo agobia la desaparición de su hijo, lamenta la violencia que padece su entorno. Dos seres abatidos, presente el esbozo de la sonrisa, presente la Monalisa. Un texto complicado, psicológico, dramático, denso y profundo; representativo del quehacer dramatúrgico de Sonora. Bien escrito, bien desarrollado, bueno el desenlace. Interesante y cautivadora relación entre ambos personajes, el hecho de que el autor nos lo bautice y dejar su identidad en Ella y Él, le da una directriz de universalidad.

Rennier Piñero, de origen español, dirige. Junto con Beatriz Noriega (escenografía y vestuario) y Lupillo Arreola (iluminación) saturan el espacio con un sinnúmero de cajas de plástico, de esas que venden las grandes tiendas de autoservicio, en ellas se van acumulando… todo lo que metafóricamente cabe en la mente de Ella y, en parte, la de Él. Un vestuario tan desalineado como las existencias de los dos; una penumbra, oscuridad espiritual; proyección, casi desapercibida, de fragmentos de películas, más que una ambientación, el conjunto representa lo más íntimo, la esencia de un devenir, de un vacío lleno de cosas.

Paquita Esquer y Roberto Corella asumen con parsimonia a los personajes. Ella susurra y también se violenta. Él narra, el contacto es emocional, no físico. Realizan en forma óptima la introspección, sienten y mueren, al mismo tiempo dan vida a tan singulares seres en el escenario. Conmueven… incomodan, provocan, dan todo como actores.

Monalisa se presentará durante tres semanas (parece que este lapso se ha puesto en boga en la Ciudad de México), hasta el 26 de noviembre, en el Foro de las Artes, del Centro Nacional de las Artes, los jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.