MÚSICA Y DANZA CON AGUAS QUE SUENA Y GISELLE

Texto y fotos por Ana Leticia Romo García

 

Cesar Alejandro en el Tercer festival Aguas que suena

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En Aguascalientes hay mucho talento artístico en diversas ramas; hoy me referiré al aspecto musical donde gracias al empeño y esfuerzo de César Alejandro, se llevó a cabo el Tercer festival Aguas que suena, donde un gran grupo de cantantes y grupos se dieron cita en el auditorio DIMO el día 4 de junio desde las 16:00 a las 21:00, y en donde los asistentes pudieron apreciar diversos géneros como balada pop, trova, rock, jazz, algunos cantautores, música norteña, entre muchos otros.

 

Así se pudo apreciar, por ejemplo, al trovero Alejandro Cadena, a la compositora Gabriela Bernal, al rockero Richie Díaz, al excelente grupo de jazz Australia el trío, a Fer González con música de mariachi, a Víctor Correa, Jared; Primer plano y al grupo Meraki.

 

Cabe destacar que César Alejandro sorprendió con su estilo sensual y dinámico, ambientando el espacio  con temas de sus ya tres CD como: Lo estás haciendo muy bien, Conmigo, Fantasmas, Se me antoja y Al final. Excelente tarde-noche musical para poder conocer el inmenso quehacer musical en eterno desarrollo del talento de tantos músicos que hay en Aguascalientes. ¡Enhorabuena, y que venga el cuarto encuentro esperando se pueda difundir a más público!

 

Giselle

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Después de un retiro por parte de la OSA (Orquesta Sinfónica de Aguascalientes), se abrió la segunda temporada del año con el famoso ballet Giselle, en honor a junio (mes de la danza) y a la memoria del maestro George Berard, el maestro querido que formó -cuando menos- cuatro décadas de bailarines en nuestra ciudad.

 

La obra con música de Adolphe Adam (1803-1856), desde su estreno se considera obra maestra absoluta del teatro, de la danza, del Romanticismo. Fue estrenada en 1841 en la Ópera de París constituyéndose en pieza pura y fundamental de la danza clásica, tanto por el tratamiento de los ideales románticos como por el empleo de la más refinada técnica teatral del siglo XIX.

 

La obra se compone de dos actos, en  el primero, Giselle es cortejada por Albrecht (duque de Silecia) e Hilarión un guardabosque. Sin embargo, Giselle desconoce la identidad de Albrecht. La corte del príncipe de Courtland, regresando de una cacería, hace un alto en el camino en la casa de Giselle para comer y beber, Bathilde la hija del príncipe y prometida de Albrecht se impresiona por el encanto de Giselle y se hacen confidencias sobre sus amoríos sin saber ninguna de las dos que ambas aman al mismo hombre. Hilarion aprovecha la ocasión para desenmascarar al duque, Giselle destrozada por el engaño, muere de dolor. En el segundo acto, Myrtha, la reina de los espectros (willies), vive en el bosque y cementerio. Giselle al morir padece la maldición eterna de bailar y bailar durante toda la noche, tanto Hilarión como Albretch visitan la tumba e Giselle cayendo en la trampa de Myrtha, quien obliga a que dancen hasta matarlos, sin embargo, el amor de Giselle logra hacer sobrevivir a Albrecht hasta el amanecer cuando los espectros desaparecen junto a Giselle.

 

Hay que reconocer el esfuerzo de la escuela de danza para el montaje de esta obra, donde el vestuario y escenografía fue bastante adecuado, sin embargo, los intérpretes hidrocálidos, demasiado jóvenes, aún no han logrado la madurez escénica y técnica requerida para la adecuada interpretación de este hermoso ballet. Los papeles principales correspondieron a bailarines invitados: Giselle (Aranza Castrejón) y Albretch (Carlos Cervantes). En contraste, la orquesta, en definitiva, ha madurado al interpretar bajo diversas batutas, en este caso la de José Areán, quien logró un excelente trabajo. Cabe destacar que el solo de viola de la maestra Dalhia Leyva Jones creó uno de los momentos más estético y profundos de la función.