ONDIN (UNA FANTASÍA, UNA ODISEA MARINA)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro 

Imágenes de ONDIN, tomadas de la página de la compañía

Ondin1El mar ha sido y será una fuente para echar a volar la imaginación; inspirador de innumerables poetas, protagonista de la literatura universal. Un atractivo -como el imán al hierro- para unos, un deseo casi patológico, el marco para grandes aventuras; sin embargo, para otros es aterrador, inspira miedo, pánico, mientras más lejos de él mejor.

Sabrina Barán se posesiona de sus aguas para crear una fantasía, una odisea marina. Ondín, un joven, sueña con que el mar le revele los misterios de sus profundidades. La autora, originaria de Quebec, Canadá, hace realidad el mundo onírico mediante títeres en forma ensoñadora, lleva -junto con Gabrielle Garant y Maryse Poulin -ésta última responsable de la excelsa musicalización y cautivadores efectos sonoros- a una travesía; sumergen a infantes y adultos, las mentes de éstos dejan de razonar, abordan una corriente, se adentran, sienten las aguas empapando su sensibilidad; todos, absolutamente todos, quedan absortos con las aventuras vividas por Ondín.

El joven pescador al encontrarse en las profundidades del océano sufre una transformación, se convierte en una criatura marina, explora todo el entorno, convive con una mantarraya, una anguila… Las aguas lo arrojan a una playa, ahí habita Melucine (espero que así se escriba), muchacha a quien solo el mar acompaña. Surge una empatía entre ambos, unión emotiva, juntos viajan hasta donde el mar y el cielo se unen: el horizonte.

Como múltiples buenas historias, la sencillez es la característica de Ondin -título de la propuesta escénica-, sin embargo, la belleza visual, la excelsa manipulación de los títeres -en especial del joven pescador- llevan implícitos mensajes, no para mentalizar sino para sentir, valores como entender que la belleza existe por sí misma, nos corresponde apreciarla, aprehenderla, ser parte de la misma.

Ondin2Unas mínimas palabras, no hay diálogos, el resto o sea casi todo se transmite por el movimiento de los personajes, si bien los manipuladores están a la vista en realidad son invisibles. La escenografía -en medio de casi una cámara negra, y una tenue y sutil iluminación- es más que eso, es otro personaje, lo que parecen “estructuras” en realidad están inspiradas en métodos de pesca de diferentes lugares como la India y China. La música en vivo: tambor, xilófono de madera e instrumentos originarios de Quebec logran que el conjunto de notas hablen, establezcan comunicación directa por su sonoridad, motivan la imaginación. El conjunto de los elementos convierten en magia viva, palpable, lo que sucede en el escenario o… tal vez ahí no pasa nada, todo acontece en el mundo onírico de todos los que sueñan a través del teatro.

La compañía La ilusión, teatro de marionetas (Quebec, Canadá) se presentó en una sola función en el Teatro Raúl Flores Canelo (Ciudad de México), en el marco del XLV Festival Internacional Cervantino en el Centro Nacional de las Artes.