SI NOS VAMOS A IR JUNTOS… ¡QUÉ SEA A LA CHINGADA! (LO SUBLIME Y LO RIDÍCULO)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la compañía eMe

 

Si nos vamos a ir juntos1

Es increíble, pero sucede, cómo una persona puede en un solo hecho teatral ser sublime y al mismo tiempo caer en lo ridículo. Tal es el caso de Guillermo Navarro, autor y director de Si nos vamos a ir juntos… ¡qué sea a la chingada! Lo sublime el texto, lo ridículo la puesta en escena.

Estamos frente a un monólogo sobre Frida Kahlo, personaje del arte con reconocimiento universal y una vida “escandalosa” para unos, envidiable para otros -a excepción de sus males corporales-, controversial, irreverente, bisexual, alcohólica y enamorada hasta la obsesión de Diego Rivera. Son múltiples las obras llevadas a escena con ella como protagonista, abundan los monólogos. Ahora bien, ¿qué se puede decir de ella o poner en su boca que no haya sido abordado? Guillermo combina la realidad con la ficción, el personaje divaga en el presente sobre el pasado, reniega y presume, breves y profundas disertaciones; una búsqueda en el ámbito psicológico, un monólogo interior, un apremio por su identidad, lo real y lo posible, claro, desde la perspectiva del dramaturgo. Un texto inteligente, no incurre en la verborrea, no es discursivo, no biográfico, es penetrar en el alma a través de la imaginación. Las situaciones “delicadas” o “morbosas” están presentes, sin embargo, todo en el marco de un lenguaje fuerte y al tiempo sutil.

Por fortuna Guillermo cuenta con una gran intérprete: Yazmín Jáuregui. Ella le da vida al espectro que habla desde el más allá, no de ultratumba, sino desde lo más profundo de su ser, claro, teatral, la actriz -un hecho raro en el medio- posee gran manejo de voz, con carácter y fuerza, condiciones en las que fundamenta las emociones, no hay necesidad de gritar para enfatizar; se desplaza por el escenario con soltura; interactúa con el público con seguridad, lo involucra. Uno ve a Frida sin esas “caracterizaciones” ridículas y desgastadas. Un trabajo para recordar.

Pasemos a lo ridículo, al montaje. Una escenografía “folclórica, por llamarla así, en verdad ridícula, a tal grado que en una sección parece un nacimiento navideño, al menos es la impresión a primera vista, con todo y sus foquitos, es prescindible, no tiene razón de ser, no sirve para nada, en verdad nefasta. Homero Guerrero es el responsable del concepto visual, quien tiene la osadía, bajo la venia del director, de ubicarse en escena con su lap top y controlar el multimedia, proyecta una serie de imágenes igual de intrascendentes que el resto de la producción, incluyendo el vestuario. Hay otros dos en escena -Alejandro Cantú y Alán Vak- su participación solo sirve de distractor, tampoco tienen razón de estar en el montaje. En un cuadro se conjuntan el multimedia y los dos “fantasmas” bailadores, quedan a segundos de darle al traste a todo. En fin, recalcando: lo sublime y lo ridículo en el mismo espacio.

Si nos vamos a ir juntos… ¡qué sea a la chingada! tiene lugar en el Foro Contigo América (Arizona 156, col. Condesa, Ciudad de México), hasta el 29 de octubre, los domingos a las 18:00 horas.