TEATRIKANDO

Texto por Benjamín Bernal, presidente de la APT

 

Zorrilla, autor de El Tenorio cumple 200 años de nacido

Violeta Isfel doña Ines

Mariano José de Larra tuvo una vida medianamente atrevida, dejó esposa e hijos por una bella aventurera, cuando ella le dice que ya no lo ama, él se suicida, dejó escrito un drama, Macías; en los funerales, un joven de veinte años se adelanta a la comitiva y pronuncia un elogio en verso, era José Zorrilla (1817-1893), de Valladolid, español fecundo e improvisador, quien dejó varios dramas que se fueron haciendo célebres: El zapatero y el rey, otros y, por supuesto, Don Juan Tenorio, que está inspirado en el de Tirso de Molina; otro de Dumas padre, en las Ánimas del purgatorio de Merimée; dicen los expertos que son desiguales sus obras y muestran la evidente prisa por escenificarlos. Todos ellos pertenecen a la época del Romanticismo, que permite predominen los sentimientos, no el racionalismo y menos la ilustración.

Así nace el gusto que existe por la novela rosa y sus desnaturalizadas hijas: las telenovelas. La versión de Don Juan Tenorio de Tirso de Molina permite que el maloso galán acepte hundirse en el averno; en tanto que en el de Zorrilla, por un arrepentimiento de último minuto, salva su alma, dicen que el amor de doña Inés es el que logra el portento.

Este año toca a Violeta Isfel interpretar a la novicia que está a punto de profesar; en el Teatro Venustiano Carranza; a Miguel Alonso le toca ser don Juan, Martha Ofelia Galindo será doña Brígida y Eugenio Bartilotti es Ciutti, para mencionar a los principales. Los nombres más sonados cada año han sido los intérpretes de estos personajes que han adquirido el carácter de legendarios en México, a pesar del feminismo que todo critica, por ejemplo, dicen que el ajedrez es juego de machos; nunca se les ha ocurrido diseccionar a Don Juan Tenorio como una serie de eventos pedro infantescos: los dos apostadores acosan a sus enemigos, matan y les roban sus pertenencias, conquistan a muchas mujeres y finalmente deberán hacer algo inusual, el jefe de Ciutti, aplica la máxima seducción a la bella jovencita a punto de ser monja formal. Una tradición que anuncia la llegada de las pastorelas.

La huida de Quetzalcóatl

La huida de Quetzalcoatl

En el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, se presenta un texto juvenil de Miguel León Portilla. Anuncia serán solo 30 funciones, lo que es llamativo, como en La tempestad, donde López Tarso expresó: “¿quieren perder dinero?” Porque en 30 no se recupera ningún proyecto, la tomó Ortíz de Pinedo, acortándola un poco y tuvo público. Así que por lo apretado de la agenda no continuará. Me parece que la música new age, el vestuario tiene una estilización personalísima, que a muchos ha gustado, en lo personal no me pareció memorable; así como las ideas filosóficas que reiteran “el aquí y ahora” en excesivas ocasiones. Eliminando algunas de estas líneas quedaría más eficiente el avance.

Es admirable el entusiasmo por dar vida escénica a un texto de León Portilla, imagino que una gran parte de las ideas del montaje (y texto) es de la directora, lo que permite atisbar en un símbolo que nos hace recibir la frase: “solo vamos a soñar”, como avance esotérico de esta serpiente que se va emplumando para dirigirse al sol, hacia la iluminación deseada. Véala para que usted tome su punto de vista, ante la constante invasión de temas extranjeros en nuestra cartelera.

Sí, podría cambiar de teatro, quizá la escenografía podría volverse minimalista y, claro, viajar a festivales internacionales.