TODOS SANTOS (¿CUÁNDO SE ESTÁ MUERTO EN VIDA?)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de Facebook de la actriz Mayra Sérbulo

 

Tdos santos (1)

Hay quienes nacen con un destino, tal vez no determinado pero sí condicionado, para que su vida sea una tragedia de principio a fin. En nuestra sociedad contemporánea aún existen personas y grupos sociales condenados a ser marginados. Las razones pueden ser múltiples, lo cierto es que es una realidad. Uno de esos sectores son nuestras mujeres indígenas; ellas sufren la pérdida de identidad, sobre todo, cuando se incorporan a entornos ajenos a su idiosincrasia y costumbres; migrar por cuestiones económicas ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen, y la discriminación, en ocasiones velada en otras abiertamente ante la indiferencia de sus semejantes.

A través de un conmovedor y bien escrito monólogo, mejor estructurado, Mónica Perea nos conduce por todos esos vericuetos que envuelven, absorben y fustigan a las mujeres indígenas. Uno de sus caminos dramatúrgicos es la poesía de la tragedia, emplea palabras, frases, ideas de una belleza indiscutible, por fortuna no incurre en el melodrama común y corriente, sensibiliza en forma emotiva, no se desgarra las vestiduras, no cae en la retórica, plantea, no da soluciones, denuncia, el teatro es su medio de expresión. El tema es desgarrador, una mujer -Ángeles- ha sido privada de todo, la ciudad es su refugio, al tiempo su cárcel existencial.

Surge una interrogante ante el planteamiento de Mónica: ¿Qué le espera a una mujer que busca sobrevivir pero no sabe si está muerta en vida? El hambre, el agotamiento del alma y del cuerpo siempre presentes… se necesita un milagro; éste se personifica en una mujer, quien la contrata como sirvienta; la situación mejora ligeramente, sin embargo, la explotación, la falta de respeto a su dignidad son la constante, como dice: “Dónde puede alguien encontrar seguridad, refugio?”… ¿en la guerrilla, en la pérdida de los seres amados arrebatados por tratar de reivindicar sus derechos?

Si el texto es de una estética admirable, éste se redondea con la actuación de Mayra Sébulo, originaria de Oaxaca, quien en su caracterización de Ángeles transpira sentimientos, dolor, rebeldía -el personaje se involucra en situaciones peligrosas pero necesarias para los marginados- y al mismo tiempo conmueve; si bien se trata de presentar una víctima no se desborda, le da voz a miles de mujeres. Hace de su cuerpo un lenguaje; la tonalidad de su voz admirable, inicia con un canto -acompañada por un guitarrista-; da paso a una coreografía de excelsa plasticidad, provoca el deseo de invadir el escenario y consolar a la sufrida mujer, tal vez lo más relevante, contagia dignidad, misma que nunca se debe perder, esto es difícil de explicar o describir con palabras, hay que sentirlo desde la magia de un trabajo actoral.

Sixto Castro, desde mi punto de vista, en esta ocasión no está a la altura del texto, sobre todo, su montaje tiene deficiencias tales como mantener durante un largo tiempo a su actriz esquinada -a la izquierda – en el proscenio, no la mueve de ahí, por tanto, el noventa y cinco por ciento del espacio queda a la deriva, desperdiciado, la verdad Mayra lo salva; sin una buena actriz su propuesta no fructificaría, además teniendo un guitarrista en vivo tiene la ocurrencia de meter una pista. Lo anterior solo trata de ejemplificar, no se trata de despedazarlo.

El monólogo Todos santos estará en temporada hasta el 30 de noviembre, los jueves a las 20:30 horas, en La Gruta del Centro Cultural Helénico, Ciudad de México.